Intelecto Opuesto

De nuevo la delincuencia

En menos de un mes se han presentado en diversas regiones del estado de Hidalgo situaciones calificadas como hechos aislados que, no por serlo, han dejado de impactar en la vida de los habitantes.

Más allá de la evidente situación que crece en todo el país con la cada vez más delgada línea entre la rebeldía y la delincuencia, el hecho de que la población ya no cuente con garantías mínimas de seguridad nos lastima a todos y en todos los niveles.

No ha terminado el primer mes de 2014 y ya contabilizamos tres daños colaterales provocados por la delincuencia –organizada o desorganizada- que al intentar amedrentar y huir han dejado daño a su paso. Los dos primeros, los del domingo pasado en el Oxxo de Tula de Allende; dos empleados de la tienda que no estaban ahí por gusto sino por necesidad. Y la de ayer, la peor porque fue una víctima fatal.

Evelyn Pedraza Martínez, quien conducía su camioneta en calles del municipio de San Salvador, en el corazón del Valle del Mezquital del estado, junto a su hermana, víctimas de las circunstancias que imperan en México y muerta a tiros por quedar dentro de su vehículo cuando a quien perseguía la policía intento huir en el auto ajeno, con ellas adentro.

La pregunta aquí es quién va a responder por los daños ocasionados  a las personas afectadas, a sus familias y al poco o mucho patrimonio con el que cuentan.

Quién va a salir a dar la cara por los civiles de Hidalgo, o de estados vecinos, quienes están comenzando a vivir no con miedo sino con temor de que estos hechos aislados puedan replicarse hasta dejar de serlo.

¿Habrá alguien que, desde el domingo, esté al pendiente de las personas que ya son víctimas de la delincuencia por el simple hecho de estar cerca de los sitios en donde se han presentado los casos de violencia, detonaciones de armas, incendios de tiendas, entre otras atrocidades, y que requieren de certeza sobre la seguridad pública de sus calles, fraccionamientos, colonias y municipios?

Claro que cuenta la opinión y afirmaciones del gobernador, de las autoridades de ayuntamientos, del jefe de la policía, pero también debe tomarse en consideración el miedo que esto provoca en la gente y en sus familias.

Hidalgo no está acostumbrado a vivir con este tipo de situaciones de violencia y mucho menos, sus pobladores, a lidiar con balas, ataques y amenazas. Si bien lo desatado en los últimos días ha sido por el refuerzo en la seguridad y vigilancia, o por cuestiones del denominado efecto cucaracha, la realidad es que se deben tomar cartas en el asunto de manera urgente y sin dejar cabo suelto alguno.

En Tizayuca el alcalde ya pide al Ejército, en Tula ya está desde hace varios años, en Pachuca cada vez se ve más a los soldados afuera de la 18 zona militar y patrullando las calles. Esperemos que esto sea un indicativo de que habrá seguridad y no más violencia.

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