Intelecto Opuesto

No es necesario ir a Tajamar

La atención mediática nacional e internacional se situó una vez más en México por el tema ambiental de la reserva del Malecón Tajamar en la zona hotelera de Cancún en donde empresarios del ramo de la construcción desarrollan un nuevo complejo, amparados en la ley federal y en permisos de toda índole, afirman sus ejecutores.

La devastación de la que todos hemos sido testigos en gráficas y videos de activistas, ambientalistas y medios de comunicación, es un tema que por años ha estado presente no solo en la Península del lado caribeño del país, sino en todas las áreas que aparentemente son zonas protegidas y patrimonio natural de la nación e incluso del mundo.

Sin embargo, al ser tan codiciadas y atractivas, también representan una obsesión para el desarrollo turístico de alto nivel que busca generar riqueza económica y desarrollo con la creación de grandes y fastuosas instalaciones de descanso y recreación.

Pero, como antes escribo, no solo es en playas y acantilados, o en grandes bosques y reservas alejadas; a la vuelta de nuestros hogares observamos incluso como pequeñas áreas de la naturaleza son objeto del proceso evolutivo del hombre y la sociedad.

No es necesario ir a Tajamar para darse cuenta de ello y en el propio estado encontramos grandes y hermoso destinos que han sufrido de la devastación propia del hombre, así como de la misma naturaleza.

Una de ellas es la Laguna Tecocomulco o De Tecocomulco que se ubica en el Altiplano hidalguense, pertenece en parte al municipio de Cuautepec de Hinojosa, pero también al de Tepeapulco; representa el último relicto de agua dulce natural que queda en los 9 mil 560 kilómetros cuadrados de la Cuenca del Valle de México, donde conviven fauna acuática y terrestre, con condiciones de vida humana y animal.

Su belleza y particularidad ha sido objeto de muchas investigaciones desde hace más de 30 años; también, de estudios de explotación e inicio de proyectos ecoturísticos que en los últimos 10 años han dado paso a su apertura comercial.

Sin embargo, en reiteradas ocasiones se ha dicho que peligra por cuestiones tan básicas como el calentamiento global y la contaminación; una, podemos prevenirla y la segunda, se puede erradicar.

Apenas ayer, se informó que el año 2015 se convirtió en el más cálido para la Tierra desde que comenzaron los registros climáticos hace 136 años, según un informe anual divulgado por la NASA y la Administración de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos.

Ante eso, se advierte a los gobiernos de todo el mundo a emprender programas y políticas que sean de bien al ambiente, con el uso cada vez más reducido de gases de efecto invernadero y uso de energías renovables, que no generen combustión ni produzcan deterioro.

 

eduardogonzalez.lopez@milenio.com