Intelecto Opuesto

¿Es necesario debatir o no?

En el actual contexto de las campañas políticas electorales en donde un buen número de aspirantes buscan posicionarse ante la ciudadanía uno pensaría que el mejor camino es la exposición mediática de las ideas, de las propuestas y hasta de los ataques entre unos y otros para poder ver quién es el mejor, el que sale más airoso de alguna afrenta personal o particular, frontal ante cámaras de televisión o micrófonos.

Sin embargo, las estrategias políticas de quienes operan y coordinan los caminos de los partidos rumbo a la jornada de sufragios es diferente a la que la mayoría creemos o pensamos que es mejor; sí, en efecto, en nuestra incipiente democracia no es más importante quien le cae mejor a la gente o quien consigue ser el candidato más simpático en la contienda. Lo que importa es ganar.

Y para ello, se requiere de cuidados más detallados para salir avante en los 60 días de campañas que se aprobaron y por consiguiente generar un impacto lo más fino posible en estas épocas que se han tornado ríspidas para la figura del político.

Por ahí escuché en estos días que dentro de los aspirantes a San Lázaro hay quienes no quieren ya el toque de puertas; otros ya no desean acudir a los mercados y los tianguis; algunos ya de plano no desean enviar saludos por teléfono de forma real y personalizada optando por la frivolidad de una grabación. La respuesta: la gente no está respondiente de forma afable a quienes buscan representarlos en la Cámara de Diputados. ¿Por qué? Hay quien todavía se pregunta como intentando buscar en la inocencia forzada lo que es más que evidente.

A la ciudadanía cada vez le interesa menos la actividad política y por ende, no desea escuchar nada de campañas o de partidos políticos,  mucho menos de personas de las que poco o nada confía; por unos pagan todos. La mala fama de quienes han ostentado cargos y han abusado han llevado al traste a las figuras representativas de la sociedad ante los Poderes de la Unión.

Es aquí cuando cobra relevancia el organizar en la actualidad un debate o no en medio de una elección con baja afluencia y poca participación e interés de parte de quienes cuentan con credencial para votar.

Al menos esa es mi valoración, apreciado lector, querida lectora, que yo sé que en el fondo quienes encontramos algo que decir o comentar en la política y sus actores principales queremos ver sin lugar a duda no solo un debate, sino una confrontación de personajes, de perfiles, de personajes que nos regresen la confianza para que la depositemos en las urnas.

Quienes no lo ven de la misma forma es porque o no les interesa para nada los asuntos de la política y la vida pública de su comunidad; o porque no ven en el debate y apertura de opiniones una herramienta democrática, como al contrario si es para muchos, una encuesta. Ni modo.

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