Intelecto Opuesto

Todos tienen miedo

En los últimos días me queda claro una cosa: todo mundo tiene miedo. Me incluyo en la lista y el asunto es muy grave pues como sociedad hemos dejado de creer hasta en nosotros mismos.

No es la fuga de un criminal ni el viaje de un Presidente, ni el abandono social y de desarrollo humano que persiste en ciudades, pueblos y rincones de este hermoso país en donde en una esquina hay un millonario y en la siguiente una casa sin techo y con paredes de cartón; es el letargo en el que hemos caído desde generaciones atrás, lo que nos tiene aquí y en nuestras condiciones no es el sistema, somos tu y yo.

El miedo al que me refiero no es una sensación de espanto, ni una situación de terror metafísico. Es el hecho de sabernos indefensos ante cualquier embestida de la realidad. En el caso de los políticos, a que se hablen cosas. En el caso de la gente, a que sea descubierta en su verdadera esencia. En el caso de los medios, a que nos desmientan o, en menor grado, a perder una buena nota.

Mujeres temen a causa de los hombres en las calles; madres temen por sus hijos a causa de los peligros sociales; abuelas y abuelos temen por su final. Profesionistas tememos al desempleo. Las cabezas de familia temen a perderlo todo, el fracaso generalizado invadiendo nuestros poros.

¿Cuál será el principal temor en estos momentos de crisis para el Presidente Enrique Peña? ¿Qué se caiga el país –hablando en términos sociales- , o que inicie una (por así llamarla) revolución? Serán realmente sus miedos los nuestros o será que nosotros tememos por cosas que a nadie más le causan espasmos.

Como vecinos y habitantes de una determinada región, municipio, fraccionamiento, tememos a ser presas de la inseguridad, a que nos quiten lo más preciado, nuestra paz y tranquilidad que no es más que un espacio físico al que nos trasladamos para sentirnos a salvo de la superficie existencial. Pero ¿qué hacemos al respecto para evitar sentir miedo?

En ocasiones el motivar a mejores prácticas fomenta cierto optimismo y sentimiento de triunfalismo que nos lleva a generar conciencia y como resultado, una mejor calidad de vida con el único fin que parece tenemos en mente: salvarnos.

¿De qué queremos estar a salvo? De nuestros miedos que al parecer se han trasladado de siglos pasados y nos persiguen como en su momento lo hicieron con los primeros y últimos hombres que se conocen en la historia de la humanidad.

Recién leí que ya hay nueva fecha para el más reciente fin del mundo que si no me equívoco será el 25 de septiembre –lástima un día antes de mi cumpleaños-, por lo que hay miedo a perecer de forma masiva.

El fin de semana mientras unos festejaban la huída del Chapo Guzmán otros sentían miedo a que en México vuelvan las masacres del narcotráfico de forma descomunal y pública. Miedo alimentando más miedo. La lista es interminable, y pienso que solo dejando de temer podremos alcanzar nuestros objetivos, por más pequeños o increíbles que parezcan.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

http://twitter.com/laloflu