Intelecto Opuesto

Y en un juego se nos fue la vida

Ayer lo poco que teníamos intacto en nuestros corazones se vino abajo y resucitó a los pocos minutos; aún así, la idiosincrasia mexicana quedó por los suelos y fueron esos minutos de agonía los que nos hicieron a muchos ver la realidad: en México, sólo la esperanza nos mantiene con vida.

Como alguna vez comenté con amigos periodistas, al mexicano se nos puede ir todo, incluso la fe, pero no la esperanza en algo que en algún momento nos cambié el destino, un golpe de suerte, un vientecito como el de la televisión o un resultado de lotería que nos haga brincar hasta el techo.

Esa afición a lo inesperado, a lo misterioso, es lo que le pone sabor a nuestras vidas; no nos guiamos por cánones o reglas que aunque no sean impuestas no nos resuelven nada. En cambio sí el futbol, la política, los diarios, la televisión…

Hasta hace unas hora, amigo lector, mi corazón estaba por los suelos, muerto y marchito, mi pasión, mi gran pasión por el futbol habría quedado mancillada y humillada por la derrota y eliminación de la selección mexicana de futbol del Mundial Brasil 2014.

De repente, cuando todo eran tinieblas fue ese airecito, un milagrito, un rayo del más allá que se apoderó de los jugadores de la selección de Estados Unidos, el que nos hizo revivir en las aspiraciones al maldito torneo de la FIFA. Y aunque no me crea, lo único que me mantuvo con respirador artificial los últimos segundo antes de la agonía fue, precisamente, la esperanza.

Nuestros anhelos van de la mano con nuestra cultura, y nuestra cultura se basa en la confianza en un buen mañana; en que la política estará, en algún momento, al servicio del pueblo. En que el día de mañana tendremos una mejor educación, mejores inversiones, más servicios de salud y alimentación, un mejor presidente. Todo el conjunto de sueños y expectativas que siempre esperamos recibir pero no llegan, lo mismo que con el futbol.

Estamos cada fin de semana esperando a que nuestro equipo juegue bien, que ofrezca el mejor espectáculo, que nos saque del ridículo y de la burla social de cada lunes.

En años anteriores sería ilógica la comparación social con la deportiva, o la económica con la de una liga de futbol; sin embargo, hoy están más unidas que nunca la crisis, la desesperación, el inconformismo, el desacato de las clases, el grito en la calle y la protesta.

Somos una sociedad que merece cosas mejores, desde quienes nos gobiernan, hasta por quienes dejamos la vida viendo un partido de futbol, pegados al televisor como si se tratara de un evaluación del colegio de medicina durante una intervención quirúrgica.

No esperamos más de lo que tenemos, simplemente, no se me hace justo que en este país tan bondadoso y con tantas oportunidades haya un sector que se enriquece con lo que consumimos ya sea, como dije, el futbol, la política, los diarios, la televisión…

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