Intelecto Opuesto

Malas impresiones

El cargo de gobernador de un estado significa uno de los más altos emblemas políticos y personales para cualquier figura que se ostente como líder social o moral de un partido o un grupo de ciudadanos. El hecho de ser votado como el gran guía para dirigir los destinos de una administración pública debería en el papel ser uno de los cargos más limpios que existen.

La realidad en México es que nadie se salva de señalamientos y acusaciones que a todas luces y por donde se quieran ver resultan gravosas tanto para la gente como para la clase partidista.

Tras años de dimes y diretes, de decirse perseguido por enemigos de oposición, de calificar como falsas todas las acusaciones en su contra, hoy el gobernador con licencia de Veracruz, Javier Duarte, se encuentra prófugo y es buscado hasta con recompensa incluida como si se tratara de uno de los hampones más peligrosos de México.

Revisando sus redes sociales, hasta hace unas semanas posaba con mandos militares y de la Marina en eventos públicos; era aplaudido en reuniones, escuchado, salía en portadas de rotativos locales e incluso fue uno de los más laureados en el último Grito de Independencia en el estado jarocho.

Hoy, parece que todo se olvidó. Ayer la Procuraduría General de la República aseguró 112 cuentas bancarias, cinco empresas y cuatro propiedades que presuntamente pertenecen al gobernador con licencia de Veracruz, así como a familiares, amigos y ex servidores públicos. Leyó bien: ¡112 cuentas bancarias!, la mayoría de personas en este país no podemos ni con una cuenta de nómina y nos quejamos de que nos quitan pesos por comisiones, cuando personajes de la política como el que encabezaba el gobierno en Veracruz tenían más de 100 cuentas en un banco.

Por si no fuera poco, el caso sonado en días pasados del ex gobernador de Sonora, Guillermo Padrés quien aunque ya está tras las rejas y siguiendo su proceso, refleja lo mismo que en el caso de Veracruz. Acá, el señor Padrés nos presume no ciento y tantas cuentas de banco, sino 8.8 millones de dólares en cuentas de banco ¡pero en el extranjero!, principalmente en países como Holanda.

Entiendo el hecho de que muchos políticos de alta estirpe son o provienen de familias aristócratas que han estado en el poder en este país desde hace siglos o bastantes años al menos. Otros, también comprendo, han hecho su capital a base de trabajo, sino constante si bien pagado, dentro de la administración pública que le has permitido incursionar en otras áreas empresariales y privadas, de donde luego obtienen más dividendos y así.

Sin embargo, no me cabe aún que siendo electo para gobernador, una persona que se dice tener con anterioridad un capital personal importante, no deja de lado el asunto corporativo de sus negocios y sus ingresos y se centra únicamente en lo que gane como máximo funcionario de un estado. No, tiene forzosamente que abrir chorros mil mi cuentas bancarias, invertir en el extranjero y vivir como el gran rey de este mundo. Puras malas impresiones.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com