Intelecto Opuesto

Se siente inseguro

En materia de seguridad pública para todo gobierno del país los indicadores representan el avance o fallas a resolver en las estrategias de combate a la delincuencia.

Sin embargo la percepción de inseguridad o el ambiente que se genera en torno a un momento de fragilidad en las instituciones no solo carece de indicadores sino de cifras oficiales.

Y es que en México la inseguridad no solo se padece, se siente.

Uno no debe ser especialista en Criminología o experto en Sociología para saber cuando en una determinada zona o región las cosas andan mal.

La famosa descomposición del tejido social no es una cuestión que se anote en una tarjeta o se informe en un boletín.

La realidad de lo que ocurre en las calles solo se puede conocer andando en los barrios y colonias. Circulando de noche y madrugada. A solas con la sensación de que algo pueda pasar en cualquier momento.

Por desgracia la clase política no solo del estado sino en todo el país no puede llegar a un razonamiento en esto puesto que transitan en un piso diferente al de la sociedad civil.

Es decir, quien puede o por ley se le debe resguardar no necesariamente vive lo que todos vivimos a diario.

Por ende que hablen de inseguridad y combate a delitos comunes es como si uno quisiera diseñar una estrategia de políticas públicas sin conocimiento del verdadero problema.

La inseguridad que se siente es la que percibe el conductor que en cada alto es alcanzado por motociclistas que rondan la ciudad de madrugada; la que sienten las mujeres al abordar un taxi en la noche o la que padecen al caminar por la plaza principal o el Centro Histórico en busca de una salida.

Esos momentos de angustia cuando parece que en el camión de pasajeros va a ocurrir algo representa lo que ninguna cifra o indicador va a determinar como bueno o malo.

De noche ninguna política o estrategia de seguridad, menos los discursos, sirven para que la población se sienta a salvo.

Aumentar patrullajes y tener presencia permanente en las calles sirve; pero la inseguridad se combate primero acabando con la desconfianza. Esa que se impregna como algo tan profundo como lo son los problemas nacionales de la corrupción y la pérdida de los valores en la sociedad.

El diseño de un operativo contundente contra los robos y los personajes sospechosos que toman las calles a diario puede ser el inicio de un camino rumbo a la recuperación de la credibilidad en las autoridades. Quizá no con las grandes presentaciones o los impresionantes retenes, pero sí con calles bien vigiladas donde no cualquiera se pare a observar o seguir a niños, mujeres y adultos, o en el peor de los casos a adueñarse de los espacios que son de la gente.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com