Intelecto Opuesto

Los gastos de campaña

Las campañas políticas autorizadas por el Instituto Nacional Electoral para diputados federales son de 60 días.

Para ellas se fijó un tope máximo de gastos de poco más de 1 millón 200 mil pesos, mismos que se tendrán que comprobar día con día en una plataforma en línea, dada a conocer por el propio INE como un mecanismo novedoso de transparencia política y financiera (a la que solo ellos y los partidos tienen acceso) y que con ello se salvaguardan los miles de fracasos por evitar hacer de una elección un cochinero.

Se han quitado por ley y por bendita costumbre -lo digo en serio- lo que antes llamaba usos y costumbres de las campañas que era colgar pendones por doquier, desperdiciar toneladas de papel en impresos sin mayor valor o relevancia (esto sí sigue ocurriendo) y hacer de cada objeto proveniente del mercado asiático un “bonito recuerdo” del candidato.

Aún así, los gastos de campañas siguen multiplicándose en cientos de pendientes. No solo en cuestiones materiales, sino en recursos humanos y elementales. ¿Qué candidato no quiere contar con lo básico y mínimo para salir a tocar de puerta en puerta o caminar de pueblo en pueblo, colonia en colonia, ejido por ejido y así hasta el final? La respuesta es todos.

Incluso, en la actualidad del hartazgo ciudadano para con los aspirantes a diputados (¿existe un cargo más desprestigiado? ¿Y todavía aspiran con orgullo a serlo?) y el uso de recursos va más de la mano a los gastos de operación-sobrevivencia de los mismos actores políticos, que para el reparto alegre a manos llenas, sea cual sea el color, para darle a la gente y que voten por uno determinado. Eso lo hacen los operadores por excelencia, los cerebros detrás de las campañas y para quienes nl hay 60 días de proselitismo, sino unas horas previas a la votación, en donde deciden a quién, cómo, cuándo y dónde, apoyar para ser apoyados.

Pero volviendo al tema, el gasto del candidato y su campaña, debe buscar ser más socializado, es decir, de nada o poco sirve dejar recurso en pelotas y playeras feas y transparente de tela peor que la tailandesa, cuando bien podría invitarse a la colonia o a las vecinas del fraccionamiento a reflexionar en una buena reunión con causa. Con trabajo comunitario, con limpieza de parques y rescate de espacios públicos.

Dudo que al ayuntamiento en turno le moleste que le barran la casa de vez en cuando. Al contrario, quien más pueda hacer por la gente es quien mayores méritos tiene o debe o puede tener para ir a sentarse a una desprestigiada y mancillada curul.

Es por ello estimado lector, apreciada lectora, que en estos días de encantamiento partidista, de llamados melodiosos a caer en las redes de algún candidato o candidata, proponga que sea él o ella quien ponga el ejemplo, dando algo para su colonia, comunidad, calle o barrio, algo que se necesite en verdad.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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