Intelecto Opuesto

Sin gasolina no hay paraíso

Con la entrada de 2017 llegó el incremento en el precio del principal combustible que el mexicano emplea para vivir: la gasolina.

Lo ocupamos, generalmente, para poder usar nuestros vehículos y trasladarnos dentro de nuestro lugar de residencia o a cualquier parte del país. También, lo aprovechamos para recibir productos y servicios como el traslado de alimentos y materias primas, transportación de personas y para un sinfín de cuestiones de la vida cotidiana.

Por generaciones, durante los últimos 50 años, nos hemos vuelto dependientes al uso de la gasolina para poder desarrollar nuestra vida. Si tenemos auto particular, porque siempre andamos en él y nos movemos de un lado a otro; si no tenemos, porque de todas formas usamos el transporte público y taxis.

A partir del 1 de enero, el precio de la gasolina subió hasta 20.1 por ciento de acuerdo con la Secretaría de Hacienda. El alza, resultó en el incremento la Magna de 13.98 a 15.99 pesos en promedio el litro; la Premium de 14.81 a 17.79 pesos y el diésel de 14.63 pesos a 17.05 pesos. Los nuevos precios representan incrementos para las gasolinas de 14.2 por ciento, 20.1 por ciento y 16.5 por ciento respectivamente con respecto al precio máximo observado en diciembre de 2016.

No hace falta ser un experto en economía y finanzas para darse cuenta de que de primera instancia el aumento representa un desembolso extra para los mexicanos, que mucho o poco, terminarán gastando más en el surtido de su tanque de gasolina para sus respectivos coches, motos, camiones, plantas de luz, etc.

Lo lógico, en un mundo de irrealidades, sería no usar más el automóvil o el medio de transporte motorizado. Total, no nacimos con cuatro ruedas y tenemos bicicletas, patines o simplemente podemos transitar caminando. Sin embargo, el uso desmedido de la gasolina para nuestro servicio y comodidad nos tiene al borde de un colapso social producto de que todo lo que conocemos hasta ahora depende de los combustibles.

No queremos pagar más por el kilo de verdura, pero así tendrá que ser porque el camión que traslada el producto tendrá que gastar más; lo mismo con los servicios de transportación terrestre que de cierta forma tendrán que subsanar el incremento con un costo diferente para el precio del boleto si es que queremos salir de vacaciones o ir de una ciudad a otra a trabajar o a vivir.

El gobierno demanda con explicaciones someras que la medida no fue idea suya, y que no depende de ellos tampoco el que se decida si sube o baja la gasolina; incluso, argumentan que al pagar más dinero por comprar gasolina estaremos ayudando a nuestros hijos, a las futuras generaciones de mexicanos.

Sin subsidio federal a las gasolinas, lo único cierto es que tendremos que hacer una mejor planeación de gastos; sin subsidio del gobierno al costo por litro de combustible, tenemos que valorar si usamos menos el auto, caminamos más y nos quitamos la idea de que sin gasolina no hay paraíso.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com