Intelecto Opuesto

En defensa de la reforma

La reforma hacendaria es algo que parece todo menos un instrumento diseñado para ser entendido y comprendido por las clases sociales a quienes pretender modificar en sus tributos.

Cuando se menciona que se dará prioridad al cobro equitativo para una mejor recaudación lo que nos da es miedo.

Y es que nuestro pasado no ha sido glorioso en este ámbito -menos en otros- de la administración pública que desde antaño buscó y juró defender el peso como un perro. O cuando dijeron que la políticas públicas tenían que estar al servicio del pueblo.

Ejemplos nos sobran y critica también. La realidad es que afrontamos una nueva reforma con la que muy pronto tendrán que cambiar las cosas en México y no precisamente de arriba para abajo.

Esgrimir el documento enviado por el presidente Enrique Peña Nieto al Congreso el mes pasado resulta un tanto innecesario. Y no por indiferencia o ignorancia sino porque se parte de un plan utópico en el que las autoridades federales suponen que un alza en el IVA o un gravamen a diestra y siniestra le vendría bien al país desde su perspectiva de poca o menos urgente necesidad que la mayoría de los mexicanos.

Ayer, el gobernador Francisco Olvera habló para Milenio Televisión y defendió la iniciativa presidencial a la que calificó como justa y necesaria para estados que requieren más apoyo vía el sistema tributario.

No dudo que sea una de la mejores intenciones jamás vista en la historia de quienes ostentan el cargo de representante popular o de quienes son o han gobernado en la historia de los gobernantes de México y el mundo, pero como en todo ámbito económico y financiero el especular no genera más que planes a la deriva y en muchas ocasiones proyectos que resultaron fallidos o inconclusos.

Estamos pues en las manos de los legisladores federales, diputados y senadores, quienes también son padres de familia, pagan comidas, compran cosas para sus hogares y disfrutan de las bondades que la vida y nuestro hermoso país nos han dado: vacaciones en la playa, un fin de semana en la montaña, etc.

Si en verdad nos vamos a apretar el cinturón y se reducirán gastos para muchas obras y proyectos, también tendría que pensarse en una estrategia de país que permita tributar más para vivir mejor y, en este país amigo lector, no se ha mantenido el mismo estatus entre las clases y gente desde por lo menos la década de 1960.

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