Intelecto Opuesto

¿El debate es por la nación?

El dictamen de las modificaciones constitucionales en materia energética de diciembre de 2013 nos mostró que más allá de los cambios a la Carta Magna, es la voluntad política la que puede predominar en este tipo de asuntos.

Me refiero a que, pueden darse muchos cambios legislativos, creación de nuevas leyes, endurecimiento de otras, propuestas de innovación y vanguardia, pero que sin disposición partidista y política, no llegarán a sobresalir ni a ver la luz en muchos casos.

¿Qué fines persigue la reforma energética? Primero se debe  analizar qué fines son los que persiguen sus impulsores y detractores. Ambos bandos juegan.

Si partimos del punto de que son los integrantes de partidos políticos –sí, son senadores y diputados que una vez electos dicen quitarse la playera y colores de su instituto y afirman ponerse la de los ciudadanos- que en bloque o minoría toman determinaciones conforme a la agenda y plataforma de sus respectivas ideologías o de la de los grupos que representan en realidad.

No es algo malo tampoco, la ley no impide a nadie llegar impulsado por alguien en particular y una vez instalado como representante de elección popular, quien sea electo o designado por partidos o ganador de una elección, puede presentar, debatir, analizar, aprobar o rechazar lo que le venga en gana.

Por eso es importante analizar quiénes están inmersos en el debate de la reforma energética, porque son ellos, los que a lo mejor si les importa el país y los ciudadanos, o a lo mejor no les interesa en lo absoluto el bien del prójimo, los que están aprobando las nuevas disposiciones que regirán el control lo que en teoría es el patrimonio del pueblo, sus bienes y pocos valores que se pueden decir públicos.

Como integrantes de partidos políticos, los legisladores persiguen fines electorales a corto y largo plazo, persiguen triunfos y victorias sobre otros grupos políticos; la reforma energética, además de ser un triunfo político de un grupo sobre otro, representa la oportunidad de poder alcanzar más triunfos en las próximas elecciones. Si sale bien, claro.

Por eso rechazo la afirmación de algunos personajes de la política nacional que desde ayer que comenzaron la discusión de las leyes secundarias en la materia, señalaron que se estaba debatiendo el futuro y bienestar de la nación. No se está debatiendo nada sobre el destino de los mexicanos, vaya, ni siquiera creo que se esté pensando en “los mexicanos” en las cámaras de senadores y diputados.

¿Qué se piensa entonces? En triunfos políticos, en victorias de bancadas, de plataformas, de mejores debates. Hay un ego político altísimo que es lo que está predominando entre la clase que toma las determinaciones en el país, y eso es lo que, en realidad, no está afectando. No que aprueben o desaprueben la venta del petróleo. O que le quiten el monopolio de los celulares a Carlos Slim, sino que se estanquen en pleitos y pruritos personales que nos alejan cada vez más, a los ciudadanos, de la clase política y de la actividad que realizan en el país.

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