Intelecto Opuesto

Una cosa nos lleva a la otra

Bien dicen que no hay que preguntar cuando ya se sabe la respuesta, pero en situaciones particulares es evidente y necesario el cuestionamiento.

La detención de un presunto delincuente, al que se le tiene que demostrar todas las imputaciones que se le hacen, que tiene en vilo al país y a la opinión pública es el reflejo de nuestra sociedad: estamos ávidos de pruebas que nos demuestren que en México todavía hay justicia y personas de las buenas.

¿Cuál es el futuro de los sentenciados en prisiones de máxima seguridad? ¿El sistema penitenciario y sus ejecutores creen fervientemente que se pueden readaptar y reinsertarse en la sociedad? ¿Qué pasa con alguien que está por 20 o 30 años en prisión y sale? ¿Alguien le da empleo, cómo sobrevive, qué es de su futuro?

Estas y otras respuestas, a las anteriores preguntas, muchos suponen saberlas por sentido común, sin embargo nadie puede afirmar qué es lo que realmente sucede en la cadena final de la justicia nacional.

Sí sabemos lo que pasa al inicio, como lo vimos el fin de semana con la presentación de quien es o era el personaje más buscado por todas las policías del país y de Estados Unidos; pero poco o nada sabemos de lo que sucede al final.

Es improbable que una persona que ha pasado la mayor parte de su vida tras las rejas pueda compartirnos el sentimiento que se llega a padecer, pero es todavía más inalcanzable el supuesto de que el hecho de haber estado en reclusión le haya servido o funcionado.

Como sea, el sistema funciona como una gotera que llena un vaso vacío; cada momento aporta y rellena, los cambios legislativos, los nuevos ordenamientos, el Código Penal, las iniciativas de prevención y readaptación, entre muchas otras propuestas.

De últimos años a la fecha, se han visto mejores resultados en zonas donde el tejido social parece haberse resquebrajado y, posteriormente, reestablecido a través de diversos mecanismos ciudadanos y gubernamentales.

En estados de baja incidencia delictiva, o menor al de entidades con graves problemas de inseguridad, el trabajo en municipios y comunidades es vital para que la población pueda contar con elementos de recomposición social, económica, cultural y de valores.

Es decir, el proceso de readaptación debe o debería iniciar desde antes de la comisión de un delito. Prevenir es readaptar las conductas sociales con instrumentos al alcance de las administraciones públicas y los presupuestos sociales, apoyados con organizaciones, asociaciones y la misma población en comunidades y zonas urbanas.

Una cosa nos lleva a la otra, estimado lector, y es por eso que esta reflexión no busca ni pretende trasladarlo a ningún coeficiente intelectual más allá del que la brillante mente humana ya contiene; si nos preparamos y prevenimos con mejor educación, seremos mejores personas en un mejor entorno social.

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