Intelecto Opuesto

Las batallas por Pachuca

La ciudad de Pachuca de Soto, la capital hidalguense, un espacio en el que confluyen ideas y propuestas, pensamientos y proyectos, donde todos participan pero nadie hace nada, es el escenario experimental para miles y miles de ciudadanos y autoridades que por años han hecho de esta, la Bella Airosa, un lugar con perfil aspiracional.

Desde aquel gobernador que alguna vez cuentan que dijo “le voy a cambiar el rostro a Pachuca”, hasta el presidente municipal que prometió convertir la Central de Abastos en un Central Park, los planes para hacer de esta ciudad un lugar de primer mundo en una región como la Zona Metropolitana del Valle de México es una afrenta mayor que asumen los integrantes de cada administración local.

En escasos 6 años que tengo de residir de manera permanente en Pachuca (antes sólo pasaba fines de semana) he podido observar una serie de incontables sucesos de infraestructura que, efectivamente, le han dado un nuevo rostro a la ciudad, pero también han sido tan efímeros como la planeación de donde derivaron.

Recuerdo reconocer antes la entrada a Pachuca por una enorme boca de felino que era la fachada de un centro nocturno sobre la México-Pachuca, que ponía fin al martirio, hasta hoy existente, de la única vía rápida de acceso desde el DF y Estado de México.

Años después eso ha cambiado. La entrada ha crecido de forma inconmensurable, con negocios que pasaron de pequeños a grandes establecimientos y con señalética jamás pensada para la zona. Lo que hace 20 años fue una H gigante, ahora es un puente recién terminado.

Mis compañeros de trabajo, algunos pachuqueños de cepa, refrendan la tesis de que la ciudad pasó de ser una zona tranquila de poca población y movimiento, a ser una zona con obra pública en todos sus resquicios, con alta densidad poblacional y con espacios prácticamente irreconocibles, si se toma en cuenta el recuerdo de apenas hace 10 o 15 años.

Pachuca y su planeación cambiante y constante, en donde cada quien ha querido dejar su huella, tanto ciudadanos como políticos, es ahora una zona en la que se libran batallas. Y no es que se trate de una guerra del tipo bélica, sino una lucha por dejar algo, un recuerdo físico, un emblema de que “yo estuve aquí” y “yo trabajé por Pachuca”.

Tuzobús, vialidades, puentes, obras complementarias, plazas comerciales, ciclopistas, fraccionamientos y una interminable lista de deseos, parecen ser la caja de pandora que es Pachuca para propios y extraños. Una ciudad que encanta cuando la conoces poco, que hipnotiza cuando la vez de pasada, pero que la llegas a amar tanto como al hogar cuando la caminas y recorres por todos sus rincones y sufres cuando le pasan cosas y gozas cuando sale el sol y el aire de la tarde te pega en la cara.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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