Intelecto Opuesto

Las apuestas electorales

Ante el desencanto popular por la política, las autoridades encargadas de organizar las elecciones en México le han apostado a renovarse de afuera para adentro, en una jugada que quizá no les convenga del todo. No en este momento que vive el país.

Primero, la transformación al denominado Instituto Nacional Electoral ideada como instrumento de acreditación, de recuperación de la confianza ciudadana -algo que ya había perdido el IFE- parece tener un lento progreso con los votantes quienes observan lo mismo pero con otro nombre.

Segundo, la apertura a nuevas propuestas y expresiones para hacer más atractivo el menú de la boleta electoral no parece ser una herramienta útil pues no incentiva la participación ciudadana y prolifera el hartazgo de la gente para con los partidos políticos.

Tercero, el punto que más favorable puede resultar para el INE es la aprobación de las candidaturas independientes. Aunque con bastantes obstáculos para su registro y participación, esta parece ser la única figura de la política nacional que empodera al ciudadano. Además, al ser de reciente estreno se le impulsa y promueve de buena forma, con más recursos incluso que aspirantes de partidos pequeños o de nueva creación.

Es pues con estas herramientas que el INE busca combatir el abstencionismo, la apatía y el desgano social y general por acercarse a las urnas, a los partidos, a la política en general que es una de las cosas que actualmente se rechaza más entre cualquier sector de la sociedad.

En contra, el organismo electoral del país tiene el contexto en que se mueve México. El ánimo espectral de las redes sociales, la estela de mala imagen internacional y la eterna especulación que tanto ha demeritado los esfuerzos de varias generaciones por hacer de este país uno de los mejores, algo que no sólo no ha ocurrido sino que de acuerdo a los índices globales nos tiene en los peores lugares, en los más bajos indicadores y en la incertidumbre de si lo que se está haciendo es lo correcto o no.

Otro punto a combatir es acoplarse al ritmo de los partidos políticos, quienes parecen tener la sartén por el mango en el tema de los acuerdos al interior del consejo general.

De no imponerse como autoridad independiente o alejada de las situaciones que pongan en duda su impartición, la sociedad no sólo estará dando la espalda a un INE naciente y en búsqueda de legitimación, sino que toda elección de aquí en adelante será por siempre y para siempre perseguida por los fantasmas del descrédito y la negación social a la incipiente democracia mexicana.

Como dato adicional, la plataforma de fiscalización de gastos de campañas de los candidatos a diputados federales es simplemente de risa. Un espacio que, dicen (pues nadie parece tener acceso, más que algunos cuantos elegidos), es más un llenado a manera de lista de supermercado, que al final terminará siendo una versión malograda de lo que se requiere.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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