Intelecto Opuesto

El anuncio del Presidente

Este día se espera el mensaje del Presidente Enrique Peña Nieto en el que se anunciará la estrategia nacional para reestructurar el sistema de justicia en el país; ayer se cumplieron dos meses de la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa en el municipio de Iguala, Guerrero y en estos 60 días sólo ha existido una palabra: incertidumbre.

Sabemos que ningún anuncio revertirá las cosas que han ocurrido en este fatídico año mexicano en el que pasamos del movimiento transformador y prometedor, de la aplastante maquinaria legislativa y de las opiniones y análisis estratosféricos, a la realidad de la vida y la muerte, de la corrupción y el desacierto que nos tienen en el hartazgo y con la misma palabra con la que comienzo esta columna: incertidumbre.

El Presidente sabe perfectamente que la conformación de un grupo de trabajo que busque el restablecimiento del estado de derecho y que busque que mediante dichas acciones se recupere la confianza plena y la credibilidad total de la mayoría de mexicanos en su gobierno e instituciones es y será muy difícil.

Sin embargo, es necesario que realicen algún tipo de acciones que justifiquen el hecho de estar “haciendo algo” de forma inmediata para remediar la situación, cosa que ningún debate u opiniones, mucho menos en los medios de comunicación, podrá resolver.

Aún así, es necesario que el gobierno federal reconozca que persiste una pasiva indecisión por sobre todos los asuntos nacionales, más por los que son del orden estatal o municipal, en donde con el hecho de alegar a la separación de poderes o de ordenes de gobierno, se quiere minimizar la situación o hacerla menos grave de lo que realmente es.

En estos momentos en México ya no hay control de daños, ya no hay operación cicatriz. Si el Presidente dice o hace algo para intentar ganar adeptos sociales, deberá cumplir cada una de sus palabras pues el momento de las promesas terminó el 26 de septiembre pasado en Iguala. Sí, aunque el problema haya comenzado con la familia Abarca, el ex gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, Michoacán, Oaxaca, Tlatlaya, el IPN, el asunto es que los problemas se han unificado en un mismo reclamo y clamor de exigencia ciudadana, tan válida y legítima, como lo que dicta la propia Constitución sobre el poder que recae en el pueblo.

No hay fórmulas mágica y todos debemos estar consientes de que ningún anuncio presidencial será la salvación de México, ni tampoco el hecho de obviar la situación por la que estamos pasando y dejar que el tiempo cure las heridas o al menos la oculte como lo ha hecho con toda la tragicomedia nacional desde hace más de 100 años.

No, tampoco el anarquismo, ni todo el capitalismo, ni mucho menos el vandalismo; no es la muerte ni la esperanza de una mejor vida, pues todo es efímero, incluida la estancia en esta etapa, por lo que pienso que únicamente logrando un pensamiento de cambio es como podremos transformar a este país; cambio, sí, de todo.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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