Intelecto Opuesto

A dos años de gobierno

A dos años de haber iniciado el nuevo gobierno federal en México, se deben analizar las diversas situaciones que aquejan a la nación desde una perspectiva alejada de la furia social que han dejado las marchas y protestas por los normalistas de Ayotzinapa.

También, desde una vitrina en donde no se vea a mano de los partidos políticos, sino desde una orientación real, de planeación y visión en donde se realice un examen de autocrítica, que espero se esté haciendo en las oficinas federales.

El dejar a la sociedad juzgar a un gobernante siempre será un desconcierto. El juicio popular jamás dejará de ser lapidario y no por defender a ningún gobernante, ni tampoco por cargar los dados a algún lado, pero la realidad es que sí, debemos observar la situación política nacional y de seguridad y calidad de vida desde varias aristas.

Primero, qué se ha alcanzado como país en cuanto a condiciones de mejora en estos dos años. ¿Se vive mejor en México con Peña Nieto que con Calderón? ¿se tienen más y mejores oportunidades de desarrollo social y de productividad?

En estos dos años podemos observar que sí hubo cambios, principalmente en las formas de ejercer el poder político, y que trasladó esta práctica a los demás poderes de la nación. Por un lado, el Congreso federal, diputados y senadores, quienes aprobaron todas y cada una de las reformas propuestas por el Presidente; y por el otro, un sistema de justicia que no ha podido desligarse de las viejas prácticas y que sirve primero a los intereses políticos y luego a los de la propia ley que lo sustenta.

En estos dos años de gobierno federal qué podemos aprobar. ¿El impulso a una apertura económica del país, para poder competir con mercados internacionales y que esto conlleve a mejores salarios y mejores empleos?, por desgracia, aún no sucede del todo aunque el asunto va caminando y como dicen por ahí, por algo se empieza.

Sin embargo, no sólo de reformas vive el gobierno y por ello, cualquier chispa de descontento social prende una llamarada de maestros, obreros, campesinos y estudiantes. Estos últimos, el saldo más negativo del actual sexenio.

Más allá de encuestas sobre nivel de aprobación de un Presidente, el sentir de un país siempre será a través del pulso de los estudiantes. Son ellos, la próxima generación, los que marcan la pauta para poder conformar mejores políticas y una correcta planeación, al menos así debería de ser.

A la par, las mentes más lúcidas –los ojos de este país- son los que nos muestran cómo nos ven en el exterior y cómo nos vemos nosotros mismos. Un ejemplo, el académico e investigador de la UNAM, Iván García Gárate, coincidió en que existe una crisis de derechos humanos en el país, pues el gobierno se empecinó en sacar las reformas estructurales, pero en lo que respecta a los 43 normalistas no se respetaron las garantías a sus derechos, no sólo por su desaparición, sino por el modo de vida que llevaban.

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