Intelecto Opuesto

El año que se nos fue

Termina 2014 y con este la formidable capacidad que tenemos para idealizar nuestro provenir. En México, un año de pesadilla a la que despertamos si se mira desde la perspectiva social y de actos como los de las masacres de Tlatlaya en el Estado de México donde el Ejército ultimó a 22 personas (cuyo caso aún sigue en el limbo) y la de Iguala, Guerrero, en donde se mantienen hasta el momento en calidad de desaparecidos un grupo de 43 estudiantes normalistas quienes fueron secuestrados por policías municipales bajo las órdenes del ex alcalde del sitio, ahora preso en un penal de máxima seguridad.

Termina 2014 y este año terminó por ser una de esas épocas en las que pulularon las promesas y se aparecieron en muy pocas ocasiones las realidades.

Apenas ayer, a punto de terminar el fatídico año, y tras décadas de conflictos en municipios y pueblos del país, apenas hasta ayer, el Senado de la República analiza una reforma constitucional que establece el mecanismo para declarar la desaparición de poderes en cualquier estado, cuando se violen gravemente los derechos humanos de los ciudadanos o se comprueben actos de corrupción de autoridades.

Como si no hubiera habido ya los suficientes antecedentes de atropellos en el país, a más de 40 años de Tlatelolco, a más de 20 de Chiapas y el EZLN, una iniciativa de un senador que posiblemente será ignorada por los grandes líderes políticos del Congreso de la Unión, pretende traernos justicia social para las víctimas de tanta situación de malestar y confusión, de muerte y desaparición.

Se acaba este año en donde la queja se volvió la voz pública en cualquier oficina gubernamental, en contra de cualquier servidor público, autoridad, policía, recepcionista de oficina pública, en todo aquello que signifique el sistema. La gente se sintió agraviada, perjudicada, quizá engañada pues los primeros meses se vendían noticias de que en México todo saldría bien, que no habría alza de pecios, ni más gasolinazos, ni precio de dólar que nos asustara, mucho menos inseguridad alguna y que al menos podríamos darle el beneficio de la duda a nuestras policías en municipios y estados, a nuestro Ejército y Marina.

Las detenciones de capos como Joaquín Guzmán, como Héctor Beltrán Leyva, los anuncios de desmembramiento de bandas del crimen organizado, los aparentes avances en cuestiones como la transparencia y rendición de cuentas. Todo ese cúmulo de buenas intenciones, al menos a mí, me hizo ilusionarme con un México renovado, con un país lleno de esperanza para que efectivamente sería movido a mejores estaciones.

Y no sólo son los casos de las matanzas o de las desapariciones y la violencia, es todo, es el hecho de que nada de lo prometido ha sido cumplido a cabalidad o al menos, seguimos esperando que México sea mejor. El mejor país del mundo para 2015.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

http://twitter.com/laloflu