Intelecto Opuesto

Se nos acabó el mundial

Ayer me costó mucho trabajo asimilar la eliminación de la selección nacional del Mundial de Brasil 2014, sobre todo por cómo se dio.

Más allá de la parafernalia de un evento de tales magnitudes como una Copa del Mundo de futbol, la realidad es que a los dirigidos por el hidalguense Miguel “Piojo” Herrera se les acabó el gas a segundos de la gloria.

En términos políticos, se nos movieron antes de la foto los muchachos y por eso no salieron electos como los buenos. Sin embargo, no todo está perdido para el aficionado común y corriente, mejor conocido como mexicano de a pie.

De lo poco rescatable para quienes seguimos santo y seña del deporte de las masas en el país, está –de nueva cuenta con en cada momento o instante en el que nos enfrentamos a la adversidad como nación- la esperanza. Es este sentimiento de que mañana o pasado mañana o el siguiente año o en 10 más, el futuro será mejor y nos hará justicia.

Bien enraizado quedó en nosotros, los que seguimos el Mundial, el hecho de que los talentos (muy necesarios en tiempos críticos como ayer ante Holanda) resultan inoperantes a falta de la creencia en sobrenatural, metafísica, no explicable, del ser y la esperanza.

Tras apagar el televisor y meditar sobre la realidad que nos abruma a diario, me quedó analizando sobre lo que la esperanza nos ha traído a los mexicanos.

Seguimos esperando un mejor futuro, una mejor política y un mejor gobierno. Buscamos, no en nosotros, sino en los demás, a una nueva y mejor generación, que sea la que saque a esta nación de la falta de esperanza.

Política y sociedad, unidas por el sentimiento de que con trabajo y esfuerzo, con meras acciones individuales o de grupos que son minoría, nos puede ir mejor o podemos hacernos acreedores a mejores situaciones, es los que nos mantiene en este camino.

Del otro lado, el ánimo pesimista, el que odia a la esperanza, el que quiere ver todo derrocado y echado a la borda; como aquellos que ayer se burlaron de la selección y de los aficionados, los que pusieron el juicio antes del gozo, son los que representan otra minoría.

No debemos desviarnos de lo que es importante para nosotros como ciudadanos: la seguridad, la paz social, la calidad de vida, los mejores servicios, buenos empleos, mejores salarios, una verdadera modernidad. Todo, sin esfuerzo conjunto y esperanza colectiva, es poco probable que lo consigamos.

Me quedo con la filosofía del juego en conjunto, del apoyo mutuo aún en la derrota, porque además de ser temporal, es una oportunidad de mejorar para obtener resultados, siempre y cuando se haga en equipo, como todo en la vida.

México cayó en un deporte polémico, que ya no convence a muchos, pero a la vez, presiona en el mundo como un país que no sólo puede caminar unido al grito de puto, sino en inteligencia para poder alcanzar nuestras legítimas aspiraciones.

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