Intelecto Opuesto

Vacaciones hidalguenses

La primera semana de agosto termina y con ella la mayoría de los periodos vacacionales en la entidad, aunque otros apenas comiencen o algunos ni siquiera sepan de ello, pero para quienes gozamos de algún beneficio de la vida laboral surreal mexicana sabemos que solo unos días podemos estar libres de estrés o presión –por más que llevar consigo el “smartphone” sea la nueva y moderna forma de esclavitud- o por lo menos de no levantarse para ir a la rutina diaria.

Sin embargo, como en todo lo que hemos hecho en este país, la mecanización y automatización nos ha vuelto insensibles e inoperantes para poder disfrutar más allá de lo que ven nuestros ojos o sentidos.

Y es que, resulta que estando de vacaciones queremos volver al trabajo y viceversa. Y no es mentira; recién pude charlar con un par de profesionistas hidalguenses quienes además de una carrera exitosa cuentan con buena lid personal para afrontar retos y me confirmaron lo que a mí me sucedió en estos días.

 ¿Pudiste descansar? – me espetó uno en nuestra charla. No, le contesté.

Y ¿entonces qué vas a hacer en tu último día de vacaciones?- me reviró con cuestionamiento. Nada, dije, esperar a volver a la oficina, creo (solo a veces) que ahí estoy más a gusto.

Más tarde, por vía electrónica en los famosos chats de redes sociales, me volví a responder con la anterior afirmación, ahora con mi compañero Alejandro Evaristo quien ha tenido a bien suplir mis ocupaciones en la jornada semanal. Creo que descanso más en la redacción, le dije.

Y sí, a veces siento que “aplatanado” uno rinde más y mentalmente ocupado puede dar más tanto personal como profesionalmente; por desgracia, una realidad que nos ha copado a miles y miles de mexicanos en edad productiva, económicamente activa diría el INEGI, pero que en resultados y satisfacción no deja de ser el indicador de un país como el nuestro, aspiracional.

Tiene razón la OCDE cuando revela datos como los de las de en qué país se trabaja más y se gana menos. Ahí está México en primer sitio. O que tal el de satisfacción de vida y felicidad de Naciones Unidas donde aseveran que el 82% de los que poblamos este hermoso territorio somos entera y plenamente felices, con lo que tenemos, con lo que nos dan, con lo que nos merecemos, con eso, somos lo que somos.

Así, divagando en horas de ocio me topé con le pensamiento de qué tan mal estaremos para desear siempre el escenario más desafiante y complejo para buscar la satisfacción; en el caso del amor, siempre nos aferramos a lo que no podemos conseguir de la persona en cuestión o en el peor, a quien no podemos ni debemos.

Por eso mis vacaciones no fueron vacaciones, sino un break de la oficina, un lapsus entre apagar y volver a prender la computadora del escritorio gris, una extensión más de mi vida y de mi cuerpo. Una ventosa que “chupa luz, que chupa vida”, diría el buen Gustavo Cordera y eso que él está hasta la punta del continente y yo aquí, entre Centro y Norte de América.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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