Intelecto Opuesto

Semana Santa I: seres humanos

El ser humano es una creación compleja, llena de momentos y situaciones a las que termina adaptándose en lo físico y espiritual para sobrevivir. Desde tiempos ancestrales se ha dado cuenta de la perplejidad con la que quienes han fallado en ambos rubros antes mencionados perecen de formas más rotundas que al parecer el resto de los que siguen aquellos patrones.

La conducta, el comportamiento, la función fisiológica y hasta la química que emana de nuestros cuerpos son parte de ese esfuerzo por sobre llevar el lapso al que denominamos vida. Ese vago no muy vasto tiempo en el que transcurrimos como partículas unidas a un cuerpo reproducido.

La energía oculta que nos hace explotar en un primer llanto es la misma que se nos agota en el último suspiro cuando dejamos de estar presentes entre los "seres vivos" de esta tierra. Cuando ni lo físico ni lo espiritual pudo alargar el final, es cuando los demás pensamos y ponderamos sobre ambos elementos y su funcionalidad para nuestro contexto, para la actualidad en la que nos desenvolvemos y la realidad en la que nos ha tocado vivir.

Los sentimientos y sensaciones no nos hacen diferentes del resto de las especies, al contrario, nos tienen dentro de una esfera en la que nos copiamos genéticamente, pues somos patrones de lo que en un inicio dio origen a lo que hoy vemos.

Es cierto, nacimos de un proceso biológico del que posteriormente nos desprendemos para alejarnos de nuestro propio génesis; al parecer, olvidamos el proceso por el que fuimos creados tras seguir los pasos de la evolución, o lo que creemos que sea el progreso de nuestra raza humana.

Pocos hemos visto cosas anormales en los seres vivos. Todo indica que no hay gigantes ni seres que vuelan. Tampoco espectros ni muertos vivientes. Mucho menos otras etapas más allá del proceso en el que nos desarrollamos: nacer, crecer, reproducirse y morir.

En esta Semana Santa como en cada año, las diferentes religiones y creencias humanas convocan a un periodo de reflexión, de cuestionamiento interno sobre el comportamiento del hombre, sus pasiones y deseos, el estado de sus pensamientos y sobre todo, su corazón, no el musculo arterial sino el centro de nuestra energía, la caja fuerte de las sensaciones y lo que nos hace despertar, abrir los ojos y ver. Respirar.

No se puede entender al ser humano y su existencia sin tener un proceso de catarsis en el que nos hagamos las mismas preguntas que han constado desde el inicio de los tiempos ¿qué hago aquí? ¿quién soy? ¿qué debo hacer?

Pasarán otros miles de años y los seres humanos seguirán haciendo la misma clase de preguntas. Sobre todo los que han decidido ponerle un inicio de fin a sus vidas. Y no porque vayan a terminar con ellas, sino porque han comenzado a madurar más allá de lo que sus sentidos comunes les permiten.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com