Intelecto Opuesto

Semana de liguilla

Como cada seis meses el futbol mexicano nos muestra lo que realmente persigue la Federación Mexicana y los dueños de los equipos: el negocio.

En un país donde la pasión por el balompié se desborda y no respeta clases sociales, se tiene en el deporte no un escaparate a una mejor calidad de vida, o a un entorno de activación física y saludable, sino a fines meramente comerciales y con trasfondo empresarial.

Ocho equipos de 18 que hay en la Liga MX, la liga profesional y de muy buena paga, que ofrece un espectáculo que no es del todo el mejor para lo que se promete y se intenta cobrar, y por desgracia se paga, para beneplácito del consorcio que maneja al futbol en nuestro país.

No lo digo por esta temporada, ni porque se hayan elevado los costos de los boletos a los partidos en esta nueva etapa del torneo (en todos los estadios, de alguna forma, no particularizo)  sino porque año con año se presenta el mismo escenario; una doble moral, un disfraz de oveja en un lobo –por así decirlo- en cuanto a lo que se pretende que la gente crea con el futbol mexicano.

Lo reitero como aficionado que soy de toda la vida al deporte del futbol, y a los equipos de la liga nacional, al balompié local, al de divisiones inferiores, a la ligas amateurs, a los cientos de historias que se forjan en los campos de colonias y barrios; a los cientos de personas que cruzan pueblos y estados en busca de un sueño: patear un balón sin recibir nada a cambio más que la satisfacción de haber cumplido un sueño, una realización personal del más alto nivel que es pisar un empastado de primera y cubrirse de gloria con 10 compañeros más.

Lo anterior, por mucho, es lo que nos queda a la gente común y corriente. Al aficionado que en verdad ama y siente los colores de una camiseta como si fueran de su familia. Que se ofende cuando le insultan al equipo, como si fuera el propio honor.

Todo el romanticismo que le podamos poner y adornan al futbol es lo que nos queda a los que gritamos los goles más que los propios jugadores; a quienes no ganamos nada y al contrario gastamos lo que no tenemos en ver un partido y disfrutarlo de la manera más cómoda posible.

Esa sensación de espera para salir al campo como si se tratara de uno mismo el que va a pisar y a oler el pasto; como si uno mismo se fuera poner la armadura textil y el escudo, los tachones y a remojarse la melena. Ese es el único sentimiento que vale para un aficionado al futbol, la única herencia que puede agradecerle a quien le ha mostrado alguna vez lo que es el defender un juego, anotar un penal, esconder el balón.

Esta semana empieza la liguilla por el campeonato en México; los precios están por las nubes y las quejas no se han hecho esperar. De 25 a 50 pesos se quiere cobrar hasta 500 o mil pesos en el caso del norte del país, en Pachuca también 500 pesos por persona. Lo pagaremos los aficionados, se hincharán de dinero los directivos, pero jamás podrán ellos sentir lo que uno atesora: el amor por el futbol.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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