Intelecto Opuesto

Semana Santa: tradición y festejo

La tradición del festejo por la Semana Santa se remonta a cientos de años, incluso algunos con más antigüedad que la que nos podemos imaginar. En Iztapalapa, Distrito Federal, la celebración de estos días se remonta a 1843, de acuerdo con las investigaciones del Museo de las Culturas Populares en al capital del país.

En barrios y colonias de todos los estados, existen por lo menos 100 años de tradición en cuanto al festejo en el que se representa el sacrificio de Jesucristo, que la mayoría de creencias cristianas y allegadas al catolicismo mantienen a través de la fiesta popular.

En México, la festividad nos acerca cada vez más a olvidar algunos de los principios que conllevan este recordatorio, lo que también se traduce en falta de atención y apoyo en espacios y participación.

Mientras los gobiernos y administraciones públicas se escudan en el laicismo para evadir cualquier responsabilidad que tenga que ver con los asuntos religiosos, en los poblados y comunidades del país el arraigo patronal es como una piedra angular que va desde los usos y costumbres hasta el paganismo carnavalesco.

La Semana Santa en México, vista desde afuera, es una mezcla de tradiciones y festejos que se combinan con la modernidad de un pensamiento alejado de toda raíz e identidad como se pretende o se debería de manifestar en estas épocas.

Sin embargo, es esa falta de participación de las masas la que mantiene un arraigo especial entre ciertos grupos de una comunidad con respecto a la tradición del viacrucis y la celebración de la Semana Santa.

En nuestro estado, los barrios de Pachuca y las principales ciudades presentan sus propias escenificaciones de La Pasión, lo que representa incluso un atractivo cultural y turístico para los visitantes a la capital y Pueblos Mágicos.

Las ferias tradicionales, la gastronomía y la mezcla de todo tipo de manifestaciones culturales, hacen de la Semana Santa un espacio único en nuestro estado y en todo el país. Es para esta época, en la actualidad del cambio político y de la sociedad, que los días de asueto nos sirven para poder contemplar el trabajo de una comunidad o de un grupo dedicado a la preservación de las tradiciones.

En algunos casos, el festejo va más allá de lo religioso y se acerca a lo secular. Incluso, se toman en cuenta estos días para vacacionar en sitios que nada tienen que ver con la fecha que se conmemora, e incluso sirven de gancho turístico para otro tipo de mercado (playa, turismo de aventura, viajes internacionales).

La situación actual del pensamiento en México, apegado a una negación de la realidad que se nos avecina –crisis salarial, falta de oportunidades de crecimiento, estancamiento económico- nos mantiene con la esperanza de poder encontrar en estos días un escape que nos libere del estrés cotidiano y sobre todo nos acerque a poder contar con un poco más de calidad de vida, aunque sea por lapsos, para regresar al trabajo, a la vida normal, y a buscar generar un entorno mejor para todos.

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