Intelecto Opuesto

Semana Santa y religión

La pérdida de valores dentro de la sociedad del país se ve reflejada más que nunca en la conmemoración de fechas que tienen que ver con la religión o cualquier tema de reflexión personal, interna, cognitiva o psicológica.

Conforme pasan los años, se hace más evidente que la moral tiende a desaparecer en el mundo moderno, que las viejas costumbres han pasado a ser solo recuerdos y ante nuestra falta de memoria, buscamos satisfactores de vida alejados de las ideologías o el fundamentalismo.

Nuestra sociedad juzga en redes sociales, asume roles inquisidores y perturba las vidas sin temor a las consecuencias.  Hemos pasado de ser aquellos de buenas costumbres a un puñado de gentes sin conciencia de ningún tipo.

Lo de hoy no es la caridad ni los lamentos. Lo de hoy es la supervivencia que sin tenernos bajo el yugo de una dictadura, nos tiene atados a nuestros propios estigmas, a nuestros demonios que caminan de cabo a rabo.

Celebrar o conmemorar una fecha religiosa en México implica ser o pretender ser una mejor persona, un buen ciudadano, con buenos modales, con educación en casa, en la calle, con intenciones de ganarse la vida de forma honrada y sobre todo de compartir experiencias enriquecedoras, que dejen o marquen nuestro paso en el tiempo y el espacio.

¿Qué hacer cuando intentas convertirte en lo que siempre soñaste pero la vida y las circunstancias no te dieron las oportunidades? Es algo que siempre me he preguntado cuando veo o leo noticias sobre delincuencia organizada, sobre jóvenes atrapados en drogadicción o violencia.

Todos nacimos creyentes por herencia generacional, familiar y hasta nacional. Sin embargo, en nuestro país nadie te regala nada, nadie te compensa con nada, pero sobre todo nadie se arriesga por nada. También es una ley natural de la vida y poner a México como una nación de locos traidores a sus propios ideales sería demasiado injusto. Aún así, somos un país de creyentes, de fervientes amantes a la fe, a cualquiera, a agarrarnos de la divinidad y la metafísica para poder implorar el rumbo de nuestras vidas, o para poder echarle la culpa a lo desconocido.

En definitiva, para México la Semana Santa ya dejó de ser por religión. Es más una tradición secular con tintes católicos y cristianos.  Es un escape a la vida cotidiana, al diario trajín del trabajo al hogar, o del desempleo a la desesperación. Para la mayoría que sostiene a este país, es un tiempo de descanso físico que puede servir para comenzar con nuevos bríos la siguiente semana, la que ya no es Santa, pero que si es la misma que el año pasado y la misma que contará para nuestras labores y producción en el sistema en que nos desenvolvemos.

¿Sigue usted creyendo fervientemente en la Semana Santa, en sus orígenes y preceptos? ¿Seremos mejores mexicanos tras estos días de asueto? Respóndase a sí mismo.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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