Intelecto Opuesto

Revocación de mandato

El pedir la renuncia de un gobernante en nuestro país suena a idea descabellada, a propósito desbordado emanado de la oposición o de las entrañas de los enemigos del sistema (aka del país).

Hablar del término revocación de mandato es una aberración para un político en México, sea del color que sea, pues hay resistencia plena a obedecer la decisión de la gente.

De acuerdo a “Un breve acercamiento teórico” del tema, encontré un texto valioso de Alán García Campos del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, en donde advierte que la revocación de mandato presenta escaso reconocimiento normativo por los candados y obstáculos a los que permanentemente es sometida tal figura.

Señala el investigador que la revocación del mandato se ubica dentro de un complejo aparato que es el modelo democrático representativo. Algo que en México apenas se está aprendiendo a pesar de estar avalado en leyes y marcos normativos.

“Es un dispositivo adicional que bien regulado puede contribuir a la realización del sistema representativo y fortalecer la rendición de cuentas, ello sin olvidar los ideales y las prácticas humanas...”, observa el académico en cuanto a poder instaurar dicho planteamiento.

Por tanto, insiste, la revocación del mandato debe ser pensada y diseñada como un último recurso, susceptible de ejercerse cuando el resto de las instituciones democráticas y mecanismos de control han fallado o resultan inoperantes, que en el caso de nuestra administración pública de todos los niveles bien podría ser susceptible.

Su uso demanda prudencia en los actores políticos, de otra forma, los aspectos positivos de la institución pueden desmoronarse, concluye el investigador.

En estas campañas a diputados federales, sólo el Partido Movimiento Ciudadano se ha comprometido a impulsar dicha enmienda a fin de que en todo el país se implemente este formato, tanto en municipios, estados y a nivel presidencial.

Considero que sería buena opción si se reglamenta con los elementos necesarios para poder contar con escenarios de estabilidad política y social que no afecten a la estabilidad en cualquier administración pública del país.

Si un mandatario pone a prueba su gobierno, pone a prueba su capacidad de gobernar, pone a prueba su capacidad intelectual y su calidad y altura como ser humano y político.

Estar ante el constante escrutinio de la gente y no de los asesores o del círculo que depende de uno mismo es el reto más grande de todos. Es aceptar que se ha cometido errores y se abren posibilidades de recomponer el camino. Si el verdadero interés es la gente y la calidad de vida, no debería uno aferrarse a ninguna silla.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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