Intelecto Opuesto

Rendición de cuentas

Con la implementación de la transparencia y rendición de cuentas en las administraciones públicas de todo el país es inevitable hablar de la actuación, para bien o para mal, de quienes ejercen el poder.

En el caso de los estados, la mayoría de ocasiones se comentan cosas que van en detrimento del trabajo y la calidad de vida de sus habitantes, por lo general, siempre están en medio de alguna polémica política o financiera o de desarrollo social, económico y por si faltara poco, con creciente desaprobación en todos los niveles y ante constantes desafíos de grupos sociales y organizaciones.

Basta con ver los casos de Oaxaca y la CNTE o Guerrero y la CETEG, o Michoacán y las autodefensas; su impacto es monumental e incluso llegan hasta la Ciudad de México, en donde se fraguan las estrategias a seguir y los acuerdos a alcanzar.

Ante esto es innegable que se requieren de mecanismos que transparenten la actividad de los gobiernos y una que otra organización social; que piden recursos, que se diga para qué son y en qué se gastarán.

En Hidalgo no es la excepción y mientras se padecen por plantones y pliegos petitorios que nadie conoce, los recursos parecen diluirse entre obras y acciones sociales, así como en emergencias naturales como la ocurrida hace un mes en la Huasteca. Aún así, ayer se informó que la entidad logró posicionarse de buena forma al avanzar en el diagnóstico 2015 del Presupuesto Basado en Resultados y en el Sistema de Evaluación del Desempeño de la Secretaría de Hacienda federal.

De forma adicional y de acuerdo con la consultora ARegional, Hidalgo se ubicó en el grupo de entidades que presentaron un alto nivel de transparencia.

¿Cómo se logra este objetivo a mediano plazo luego de que se señaló incluso que el estado era de los más bajos en el índice de disponibilidad de información, dicho por la propia Secretaría de la Función Pública hace unas semanas?

Tan simple como que se buscó la forma de conformar una estrategia de trabajo, basado en la planeación financiera y en la misma, valga la redundancia de la palabra, transparencia para que se conozca a fondo qué se hace en Hidalgo y qué se pretende hacer en el año que resta de administración estatal, para que se haya elevado el índice de la demarcación en comparación con evaluaciones pasadas.

El mérito es para el propio gobernador Francisco Olvera y para Aunard de la Rocha, secretario de Administración y Finanzas, quienes al parecer dedicaron el tiempo electoral a preparar a Hidalgo para este nuevo último periodo en el Ejecutivo local, y no desperdigaron el mismo en la grilla política que consumió a todos durante 60 días.

Ahora el reto es mantener los niveles en los que se pretende situar a la administración, pero sobre todo y más allá de los reconocimientos, que se cumpla y termine el Plan Estatal de Desarrollo, el eje rector del gobierno del estado, para que llegue a buen término el actual periodo en la administración de la entidad.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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