Intelecto Opuesto

Reformas postergadas

La transformación estructural de los recursos con los que cuenta el país para lograr un mayor desarrollo y alcanzar metas en innovación y tecnología no es un asunto nuevo o de reciente planeación.

Los gobernantes en México buscan la participación del capital privado, nacional y extranjero, desde hace 3 sexenios por lo menos. Según esto, para mejorar la oferta energética, principalmente, que es la fuente de generación de servicios básicos y recursos para el trabajo y la vida. 

El 2 de febrero de 1999, el entonces presidente Ernesto Zedillo presentó al Congreso de la Unión la iniciativa de reformas a los Artículos 27 y 28 de la Constitución Política referente a la apertura de la industria energética.

“La participación exclusiva del Estado en el servicio público de energía eléctrica ya no puede ser el sustento de la evolución que requiere nuestro sistema eléctrico. De hecho, esa exclusividad puede llegar a convertirse en un obstáculo para su expansión y modernización. “Postergar la apertura a la participación social y privada implicaría poner en riesgo la oferta de electricidad en el futuro cercano y con ello el potencial de progreso material y el bienestar de todos los mexicanos. Postergarla implicaría también poner en riesgo la capacidad del Estado para dar respuesta, con los mismos recursos globales, a las necesidades de inversión social y de expansión de otros tipos de infraestructura básica”, señaló hace más 15 años Zedillo.

La reforma energética que propuso el último mandatario priista antes de Enrique Peña Nieto buscó sentar las bases constitucionales para establecer el marco legal e institucional de una nueva industria eléctrica nacional, en la que se permitiría la participación del sector privado en la generación, transmisión, distribución y comercialización de la electricidad.

“De ser aprobada, en su oportunidad enviaré a consideración del H. Congreso de la Unión, un paquete de reformas a la legislación secundaria sobre la materia, para transitar hacia un mercado de electricidad que facilite la concurrencia de los sectores público, social y privado. En consecuencia, el esfuerzo inicial debe centrarse en desarrollar el marco institucional para reforzar la rectoría del Estado y establecer un mercado de electricidad”, sentenció Zedillo en aquel 1999.

Con la transición del poder político de un partido a otro, los planes tecnológicos zedillistas y empresarios afines se frustraron a pesar de que Vicente Fox llegó con cartera abierta y oídos prestos a ofertas del capital privado.

A 15 años, la reforma energética parece haberse consumado en su proceso legislativo y todo indica que comenzará a ejecutarse como lo hubiese querido en su momento Ernesto Zedillo Ponce de León.

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