Intelecto Opuesto

Reforma para el campo

La actividad agropecuaria en Hidalgo es una de las más antiguas y tradicionales de las que se tiene registro, siendo hasta nuestros días el principal sustento de regiones enteras y de zonas en la entidad.

De acuerdo con cifras oficiales, el estado tiene una superficie total de 2 millones 98 mil 700 hectáreas, de las cuales el 30 por ciento corresponden al uso agrícola.

Del campo, viven por lo menos una treintena de poblaciones en la misma cantidad de municipios, sobre todo en el Valle del Mezquital, la Sierra y la Huasteca, en donde el autoconsumo es el principal aliado del campesino.

Esta situación por años ha mermado la producción agrícola a gran escala puesto que no se cuenta ni con las condiciones ni con los proyectos para poder detonar al campo hidalguense, cuestión que ayer se tocó en los foros para la transformación del campo en México, en donde Hidalgo parece tener una aportación especial y protagonista.

No sólo por el ángulo político de los ya conocidos personajes hidalguenses en las altas esferas del poder gubernamental del país, sino por lo que representa Hidalgo: un estado agrícola por excelencia, un granero del Valle de México.

Hasta el periodo 2009-2010, el estado ocupaba el primer lugar en cebada grano pues participaba con el 43.1 por ciento de la superficie sembrada nacional y con el 41.4 por ciento del valor de la producción total. También, ocupaba el primer lugar en maguey pulquero, con el 47 por ciento de la superficie sembrada y el 79 por ciento de la producción nacional.

Hasta finales del sexenio anterior, Hidalgo fue quinto productor nacional de frijol, con una superficie sembrada equivalente al 4.6 por ciento del total del país y con aportación del 6 por ciento de la producción nacional.

Un dato a destacar y que se mantiene hasta la fecha: Hidalgo es el primer lugar nacional en producción de alfalfa verde que representa el 3 por ciento de lo que se siembra en el país.

Ante esto, se debe no sólo pensar en modernizar el campo de Hidalgo y de México, sino aprovechar estas características de producción y detonar a gran escala su desarrollo.

La delegada federal de la Sagarpa, Carmen Dorantes, precisó ayer que se deben reordenar los mercados para tener un balance entre oferta y demanda y alcanzar precios justos, así como avanzar en una mayor disponibilidad de financiamiento especializado y desarrollo de esquemas de aseguramiento.

Esto, consideró, llevaría a optimizar el uso de recursos como el agua, mejorar la producción de fertilizantes y aumentar el equipamiento agroalimentario.

Es decir, el campo hidalguense, visto desde el punto de vista comercial, empresarial y social, es un negocio redondo que podría elevar la calidad de vida de los productores y de las poblaciones en general. Ahora falta que todo esto pueda convertirse en realidad.

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