Intelecto Opuesto

Propuestas proselitistas

El llamado de los candidatos a diputados federales en este arranque de campañas ha sido el que usualmente suelen ocupar los personajes que de la política han hecho su oficio y forma de vida.

Propuestas que más allá de forma y fonda son solo frases proselitistas, es lo que más ahonda en sus discursos. Y hasta cierto punto es normal.

¿Qué más se le puede decir a una ciudadanía impávida en sus pensamientos, olvidadiza y de constantes cambios? Muy pocas cosas pueden llevar a un grupo de ciudadanos a fijar su intención del voto después de haber escuchado un discurso político, más si se trata de una elección menor en el papel.

Las primeras ideas vertidas en los discursos no distan del dar a conocer al perfil del candidato, su trabajo realizado a través de los cargos públicos en los que ha estado, así como palabras de acercamiento como “amigo”, “confianza”, “apoyos”, “contacto”.

Posteriormente vienen los análisis de las zonas o regiones en donde se encuentre el aspirante o donde se realice el evento. Detectar las faltas tradicionales de la vida cotidiana como el desempleo, la inseguridad, los servicios públicos, son parte de los elementos principales del discurso para llamar la atención y posteriormente rematar con propuestas que se convierten en compromisos.

Lamentablemente, esa es la realidad del discurso político en la actualidad, en donde por cuestiones hasta de tiempo es imposible detenerse en el análisis detallado de la situación política local y nacional con cada ciudadano, con cada posible votante. En los recorridos, el saludo es suficiente, la entrega del volante informativo, del delantal, de la cubeta o de las gorras con la imagen del candidato o candidata, es lo más avanzando en lenguaje e interacción que se tiene entre ciudadano y aspirante de partido.

Por ende, la comunicación interrumpida no llega a ser una de las vías más exitosas para conseguir sufragios, adeptos o para asegurar el triunfo en una elección.

Las propuestas proselitistas no pasan de ser una porra, una consigna, una rima de gritos tradicionales que son los que por años han dominado a la escena callejera y de mítines en las campañas. 

Resta decir que tampoco es culpa de la ciudadanía el tener a los candidatos que padece en cada proceso, eso es responsabilidad de los partidos políticos y de los grupos de poder en los estados y el país; sin embargo, si es responsable la gente de poder aceptar o no los discursos de los candidatos, y también es responsable de no exigir mejores compromisos a la hora de que platican unos segundo o unos minutos en los eventos o recorridos de campañas.

En esta primera semana de campañas en Hidalgo, el balance no es tan bueno como se esperaba, y es que además de la tremenda pasividad con que algunos de los partidos han tomado el reto de salir a buscar los votos, está el tema del cansancio ciudadano para con los representantes sociales.

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