Intelecto Opuesto

El PRD en Hidalgo

La celebración del aniversario del PRD en todo el país fue más que un festejo de conmemoración y se convirtió en una serie de reuniones en donde la autocrítica se volvió protagonista en todos los estados y a nivel nacional.

Mientras en la Ciudad de México se observó a personajes emblemáticos que han dado vida a los pasajes más importantes del sol azteca en sus 25 años de existencia, en las sedes estatales se reunieron los comités en donde se tiene presencia.

La voz del líder moral, Cuauhtémoc Cárdenas, fue la principal en levantarse con calificativos de evaluación, de instrumentación de nuevas herramientas que le permitan a un instituto político que se reinvente conforme a los tiempos que requiere una democracia como la que se dice hay en México.

Sin embargo, más allá de los llamados a renovarse, a regresar a lo que formó su ideología como partido, el PRD tiene un grave problema de estructura de pensamiento político que no sólo los divide sino los acerca cada vez más al oficialismo.

No se trata de convertirse en los enemigos públicos número 1 del gobierno y del sistema y sus instituciones; sino en que el PRD, a 25 años de haber emergido en la política nacional, pierde adeptos como una opción para la ciudadanía.

Lo vemos en Michoacán con los alcaldes detenidos, acusados de estar relacionados con el crimen organizado; lo atestiguamos desde el surgimiento de los cárteles del narcotráfico en zonas gobernadas por el PRD y en donde personajes que han dañado la imagen de dicho partido consiguieron su ascenso vía la política.

Ser militante activo en un partido de izquierda en México es relativamente fácil, lo vemos con los estudiantes agrupados en círculos cercanos a la política, lo vemos con los maestros y con parte de la sociedad que acceden a puestos al interior de institutos como el PRD donde hay una apertura mayor para la participación.

Dicha apertura fue en su momento lo más parecido a la vida en democracia dentro de un instituto político, aunque también es lo que le ha costado al sol azteca el no poder conjugar acciones que los lleven en unidad a convocatorias, candidaturas y elecciones.

En Hidalgo, el PRD ha perdido fuerza desde hace 4 o 5 años debido a que no han consolidad a un grupo de trabajo permanente y fiel a sus adeptos; los perredistas hidalguenses conviven de cerca –demasiado- con el poder del estado y sus actores políticos.

Es imposible ser una opción distinta a la gobernante cuando se mantienen lazos estrechos como los que tiene el PRD en Hidalgo con el PRI y con el PAN, que los llevan al fracaso en las urnas.

A casi un año de las elecciones para renovar el Congreso de la Unión, el PRD tiene la obligación moral para con sus militantes de brindar las condiciones necesarias para ser un partido que soporte al aparato gubernamental y su maquinaria electoral; de lo contrario, es mejor que no participe o busque aliarse con algún otro partido.

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