Intelecto Opuesto

Militantes y tuiteros

El uso de las redes sociales vinculadas al trabajo político de los partidos en nuestro país ha pasado de ser una herramienta productiva a un arma de doble filo. La utilidad electorera que se les dio en campañas para promocionar a candidatos a puestos de elección popular, y ahora a funcionarios electos, y el uso que sus militantes-seguidores dan a las mismas, carece de fundamentos de trabajo real, así como de una planeación sustentada en proyectos que no sean sólo de difusión o propaganda.

Ya son más de 8 años del surgimiento de Twitter, más de 10 años de Facebook y casi una década de un sinnúmero de páginas y plataformas que son empleadas como redes sociales para difundir política y todavía no se obtiene una madurez en México en cuanto a su uso. Sobre todo en el ámbito de lo público.

No es la primera vez que sucede un acto de interés nacional, de carácter emocional que mueve las conciencias y las ideologías donde incluso se han pronunciado todos los líderes del país y de varias partes del mundo –tan sólo ayer la Iglesia Católica desde El Vaticano con el Papa Francisco quien calificó de “realidad dramática” la violencia generada por el narcotráfico en México y que derivó en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa- se relaciona a las redes sociales como ventana o escaparate para dejar mensajes de indignación, información al momento, evidencias, posturas y hasta pistas para investigaciones de la propia autoridad.

Sin embargo, sigue ocurriendo en México que muchas de las mentes partícipes de la política demuestran lo más bajo de la intelectualidad y el poco o nulo trabajo ideológico y de bases firmes que demuestran los institutos políticos en sus documentos básicos, para exponer signos de deshumanización ante las situaciones de mayor afrenta para el país.

Recientemente, dos jóvenes emanados o que aluden ser parte del Partido Revolucionario Institucional ha estado en el ojo del huracán por el asunto de las críticas vertidas al tema Ayotzinapa; evidenciarlos, castigarlos o denunciarlos, sólo enrarecería el ambiente más de lo que está. Un caso, por desgracia, en Pachuca, otro en Estado de México, refleja la tónica que buscan erradicar los propios partidos en sus sectores juveniles. Evidencia falta de trabajo en formación de pensamiento político que urge a los partidos en los estados. Sí, adherir grupos de muchachos, pero con un propósito más allá de las brigadas o vanguardias en campaña. Que sea la enseñanza de la política una formación de virtudes y valores que den mejores ciudadanos al país y no personas prepotentes con baja calidad moral.

Si los partidos van a tener jóvenes militantes y tuiteros, lo mejor es enseñarles que las redes sociales son una herramienta de trabajo político y no un muro de mensajes personales o de críticas sin sustento o sin respaldo de los grupos a los que pertenecen. Que aprendan, pues.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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