Intelecto Opuesto

Migrantes de la vida

Apenas se mostró la intención del gobierno de Estados Unidos de frenar, una vez más, la llegada de mexicanos, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos, nicaragüenses, principalmente, a su país y con ello evitar que menores de edad sean víctimas de violencia y violaciones a sus derechos humanos, cuando el presidente del país vecino, Barack Obama, hizo el anuncio sobre tomar medidas relacionadas con el sistema de inmigración.

El gobernante extranjero señaló que su país “no puede esperar por siempre” a que los republicanos del Congreso se decidan a votar la reforma migratoria, e incluso denunció que algunos de esos republicanos están usando la “crisis humanitaria” creada por los niños centroamericanos que llegan de forma masiva a la frontera sur “como su nueva excusa para no hacer nada” respecto a la reforma migratoria, algo que “no tiene sentido”.

¿Qué está haciendo el gobierno de México, que mientras observa cómo se toman las decisiones que afectan a su población de migrantes que recibe y a los que expulsa?

De acuerdo con la ONU, el Sistema de Información Estadística sobre las Migraciones en Mesoamérica y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), reportan que la población latinoamericana representa alrededor del 52% de la población extranjera en Estados Unidos, de los cuales más de 30 millones de personas son de origen mexicano (57%) y centroamericano (13%).

El gobierno de México, más allá de los programas de apoyo y asistencia a los paisanos, requiere de una transformación de fondo en las políticas de atención a dicho sector.

El desplazamiento mundial de migrantes provenientes de Centroamérica, que no ha sido atendido en México, es la principal causa de que miles de seres humanos sean objeto de las más terribles vejaciones en nuestro territorio.

La mayoría de migrantes, que padecen pobreza y marginación en sus países, llegan a México a convertirse en doblemente pobres y marginados. Primero, por su propia condición de haber dejado su tierra y viajar con escasos recursos; y segundo porque al llegar a México sufren de todo tipo de situaciones, comenzando por la inseguridad y el riesgo de perder su vida.

Hidalgo, un estado de casi 3 millones de habitantes, ha expulsado a lo largo de varios años a lo que podría representar casi un cuarto de su población actual. Mucha de ella ya no volvió jamás y otra tanta regresó por cuestiones económicas y sociales.

Poco organizados, poco apoyados, el problema del sufrimiento y condiciones vulnerables de los migrantes no se resolverá con decretos presidenciales de Obama o de Peña Nieto, sino con una transformación de fondo de la política internacional entre ambos países para ver a todos como seres humanos, con las mismas condiciones y derechos al trabajo y la vida digna.

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