Intelecto Opuesto

Mercado Primero de Mayo

Con próximos 90 años a cumplir de tradición comercial y antigüedad dentro del primer cuadro de la capital hidalguense, el Mercado Primero de Mayo fue inaugurado de forma oficial en 1926 por el entonces presidente Plutarco Elías Calles.

Su instalación, narran las crónicas hidalguenses, respondió a una demanda de contar con un espacio seguro en el que comerciantes pachuqueños y sus familias tuvieran la oportunidad de comprar y vender con el objetivo de emprender en aquellos años la naciente cultura del desarrollo económico comercial y mercante a la par de la minería.

A un mes de cumplir sus nueve décadas como Mercado Primero de Mayo, la madrugada del jueves 31 de marzo, la semana pasada exactamente, una parte del sitio fue devorado por el implacable fuego que dejó fierros y cortinas de láminas destrozadas, estructuras metálicas dobladas por la temperatura, lonas calcinadas, objetos inservibles, altares, comida, productos para el hogar y la limpieza, todo quedó hecho polvo.

Lo que el mismo jueves del incidente comenzó como angustia y luego coraje por la impotencia de haber perdido lo poco o mucho del patrimonio que es producto del esfuerzo diario, terminó ayer con una muestra de carácter y solidaridad entre los mismos locatarios y los elementos de Protección Civil del municipio capitalino.

Ataviados en sus ropas de carniceros, vendedores de abarrotes, cocineros, con fajas de trabajo y manchados de la piel por el sucio humo que penetra en la nariz como si siguiera viva la conflagración, los propios locatarios afectados se han unido para sacar los escombros, para tallar las paredes, para quitar lo que ya no sirve, para hacer un conteo de daños.

No llevan un día o dos, llevan siete trabajando a marchas forzadas y aún así sigue saliendo desperdicio de comida y de objetos; junto a ellos, los elementos de Protección Civil, quienes también no se dan abasto pues unos ayudan con maquinaría, otros con carretillas, unos más dan martillazos. Montaron una estructura metálica para sostener los restos de lo que era la mezzanina o el entresuelo, las escaleras de la entrada principal, el primer pasillo del lado izquierdo que está destrozado.

Afuera, en la Plaza Constitución, una veintena de locatarios están tratando de reponerse vendiendo los artículos que pudieron rescatar o recuperar de los escombros. También los polleros, los de la verdura, los de la jarcería, se sentaron en las jardineras y con una lona que los protege del sol buscan seguir su rutina normal, como si nada hubiera ocurrido. Sin embargo el panorama se ve complicado. No hay mucha gente pasando por ahí, al menos no ayer, ni antier, ni el fin de semana que pasó.

Por desgracia el sitio está acordonado y no pasan vehículos, solo se accede a pie y la gente que anda observa; quienes venden en la plazuela de los alrededores se cubrieron con tapabocas, el olor es fuerte. Entre comida echada a perder y aroma a quemado. Ni las imágenes religiosas se salvaron.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com