Intelecto Opuesto

Mayoría en el Congreso

Ayer el Presidente Enrique Peña Nieto celebró que por primera ocasión después de la elección del 7 de junio pasado el resultado en el que su partido, el PRI, así como sus aliados PVEM y Panal, tendrán la mayoría en la Cámara de Diputados para el resto de lo que queda de su administración gubernamental al frente del Ejecutivo del país.

Respecto a los resultados, el mandatario nacional reconoció que “la sociedad está advirtiendo y viendo los avances que está habiendo en economía”, como principal punto para inclinar de nueva cuenta la balanza electoral en favor de los tricolores.

La lectura presidencial no es equivocada pero tampoco es certera del todo. Recordemos que de nueva cuenta ganó el abstencionismo y la apatía ciudadana, y por otro lado los votos nulos jugaron una parte fundamental sobre todo en el aspecto de la desaparición de dos partidos políticos, situación que aún está en juego en tribunales.

Aún así el Presidente celebró como suyo algo que dijo no sucedía desde principios de la década de los 90, y por ende, sabe que puede jugar todas sus cartas de aquí al final de su periodo gubernamental.

¿Qué tan conveniente será para el propio Peña Nieto y el mismo PRI tener a la aplanadora legislativa disponible? ¿Cuál es papel real de los que serán nuevos legisladores si únicamente estarán analizando lo previamente analizado y discutido en el gabinete federal?

Que a nadie extrañe que los primeros cambios sustanciales al gabinete federal se den en 2016 y sobre todo desde la San Lázaro, las estrategias presupuestales para entidades que se juegan elecciones y ante todo, operación política. La nueva Legislatura estará repleta de expertos operadores, ex coordinadores de campañas, ex dirigentes de partidos, ex gobernadores quienes están listos para impulsar desde ya una transición tricolor en Los Pinos y por otro lado colaborar con los planes nacionales en cuanto a impulso y crecimiento.

No lo puedo negar. Al Presidente le han salido las cosas como ha querido. Como nunca antes un mandatario ha tenido los poderes autónomos de su lado; las leyes adaptadas a sus necesidades y no me refiero a las personales sino a las estrategias de su gobierno para aplicar políticas públicas.

Bajo este escenario poco o nada pueden hacer los partidos opositores; mientras al país no le vaya de una forma estrepitosa como en la era final del zedillismo no habrá al menos en los años próximos quien le compita al PRI de Peña.

Por otro lado, tampoco se trata de buena suerte o de una racha positiva. Si la economía se estabilizó, si la cifra de empleo forma creció, si la inflación se detuvo, si hay menos violencia o inseguridad, o al menos eso se percibe, es porque se está haciendo algo al respecto. Por lo demás, con todo y mayoría en el Congreso, mientras todo marche bien para el Presidente en México, garantizarán su permanencia un sexenio más tras la elección de 2018.

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