Intelecto Opuesto

Indiferencia es ignorancia

Qué hacemos como sociedad ante situaciones cada vez más cercanas a nuestras vidas como la indiferencia colectiva.

Es impresionante la apatía que como seres humanos demostramos ante todo, incluidos los asuntos personales y familiares; mucho más ante cuestiones de segundos o terceros, aunque se trate de conocidos.

Nos hemos creído tanto el discurso de que no podemos hacer nada ante lo inevitable, ante lo más fuerte a nuestro entorno y ante el poder absoluto del miedo, que somos incapaces de formular acciones a nuestro favor. 

La inseguridad no sólo nos ha tomado incautos, sino nos mantiene presos de un sistema que funciona con el terror de nuestros propios miedos. La gente teme perder lo que ha conseguido, lo poco que tiene y para lo que ha dejado la vida.

En la actualidad, es imposible predecir nuestro porvenir por mejor escenario que tengamos en lo laboral y personal pues hasta el más protegido -funcionario público, empresario, terrateniente y acaudalado-, no está exento de perder el camino hasta ahora recorrido.

Es la incertidumbre así, cruda como la peor realidad que enfrentamos, lo que nos tiene aquí.  El miedo es lo que nos sigue manteniendo estáticos, detenidos, imperfectos ante este panorama de pocos amigos y muchos enemigos.

Para qué denunciamos si nadie escuchará nuestra voz. Para qué luchamos si desde un inicio hemos claudicado ante lo intangible pero más visible que el horizonte prometedor de un mejor mañana. La muerte y la corrupción nos tienen de ambas manos, si una avanza la otra retrocede y seguimos perdiendo.

Siempre perdemos, desde hace décadas no lo hemos dejado de hacer y esta generación fracasó una y otra vez.

Sólo resta esperar a que salga el sol para todos, que nuestra fe se haga voluntad y nuestras fuerzas puedan movernos de la comodidad de donde estamos para poder realizarnos como personas y ciudadanos.

Qué esperanza le damos al estudiante, al campesino, al empleado de comercio, al propio burócrata y seguidor político de quienes nos gobiernan y de quienes aspiran a hacerlo. ¿Que no hay un mejor mañana, que sólo así como se están haciendo las cosas es la única forma de salir adelante? Por el bien de todos y nuestras futuras generaciones espero que no siga así y sea de forma diferente.

Por qué forzar la realidad

Obligándote a creer en la posibilidad

De la existencia de la normalidad

Si al final nadie puede asegurar

Que el final en sí es ser feliz y que eso es

 normal.

Donde nadie puede imaginar

Se enjuicia el miedo a conocer, a parecer

de otro lugar.

Quien necesita ser normal donde ya nadie

es real.

1000 ilusiones que parecen ser fatalidad

y donde está la verdad.

¿Cuándo lo cotidiano empieza a ser tan

surreal?

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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