Intelecto Opuesto

Hidalgo salió a las calles

Un hecho histórico y sin precedentes, el que ayer se suscitó en calles de las principales ciudades de Hidalgo; la marcha en apoyo a los 43 normalistas de Ayotzinapa, a la exigencia de que sean presentados con vida, que se haga justicia para sus familias, que se reconozca el derecho del pueblo a salir a las calles a exigir mejores condiciones de vida, salarios dignos, una vida estable y con calidad, fue la causa para que miles pensaran en un México de soñadores, que sea una realidad para las futuras generaciones.

No existe registro alguno, quizá de situaciones de problemas obrero-patronales, sindicales o de festividades como el Día del Trabajo, en donde se haya movilizado a la sociedad civil, estudiantes, profesionistas, y demás personas a salir a las calles con una misma causa, que se convirtió luego en muchas bajo una sola bandera.

El hecho lamentable y terrible de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural, Raúl Isidro Burgos en Guerrero, es la piedra angular de todas las expresiones; de ahí, surgen nuevos y viejos reclamos, sentir social y esperanza de un nuevo presente que sea amable con todos.

Contrario a lo que se esperaba por parte del imaginario político colectivo que pretende hacer de las marchas y manifestaciones un caldo de cultivo para el caos y el desorden en donde se dé pie a la desacreditación, el hecho de conjugar un mismo sentimiento y expandirlo en millones de voces en todo el planeta, hizo eco y resonó en Hidalgo, en sus escuelas y centros de trabajo, en el propio gobierno y los partidos, en las calles y desfiles conmemorativos.

Ver a pequeños alumnos de primaria marchar con respeto y en paz, es una postal llena de dignidad; ver a alumnos de secundaria mostrar su postura respecto a la situación nacional nos hace creer que aún es posible forman pensamiento libre y mesurado, analítico y humilde, que piensa en el prójimo y busca lo mejor para su país. Dichas escenas fueron en Actopan y Zimapán.

También hubo expresiones en Ixmiquilpan, en Huejutla (donde poco se difundió), en Tulancingo, en Tula y por supuesto en la capital del estado y su zona metropolitana.

Políticos de todos los niveles estuvieron pendientes del suceso; ahora ellos fueron los espectadores. Se tomaron la tarde libre, no hubo la necesidad de redoblar esfuerzos ni gastar dinero para llenar las calles, para mostrar un mensaje de forma masiva. Simplemente el pueblo se expresó y ahí es donde hay que escucharlo.

Es tiempo de reflexionar y de ponerse a las órdenes de en quienes recae el poder nacional –como mandata la propia Constitución-, en el pueblo, quien es el único que puede determinar, poner, quitar y exigir las mejoras que requiere y la gente que puede hacerlo. Sí, hay que creérsela, porque está pasando.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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