Intelecto Opuesto

Garzas sin vuelo

Las Garzas son un equipo de futbol profesional de la Liga Nacional de Nuevos Talentos de la Segunda División, que forman parte de los equipos deportivos de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Junto con el femenil, son las dos únicas escuadras que representan a la máxima casa de estudios dentro de ligas federadas y de atletas profesionales del país, es decir, integran a deportistas que cobran por realizar su actividad física y deportiva, en este caso el de jugar al futbol.

Ayer por la tarde, me enteré de una situación que viene a ensuciar el entorno del deporte del balompié y sobre todo que no enaltece en nada el espíritu de los equipos que deben enarbolar las causas de la academia universitaria en el estado.

Un grupo de al menos 10 jugadores de las Garzas, comandados por su capitán Jorge Luis Guarneros Zárate, acudieron a esta redacción para solicitar una audiencia y ser escuchados en cuanto al problema que afirman padecer.

Los jugadores denunciaron que el equipo, bajo el mando del director técnico Miguel Efrén Rico Plascencia, se encuentra en una situación donde han tocado fondo; alegan que se ha perdido el respeto dentro y fuera del campo y sobre todo que se han transgredido derechos laborales –al final son empleados de la Universidad- en cuanto a su profesión deportiva.

Según la versión de los jóvenes, todos jugadores profesionales registrados ante la Federación Mexicana de Futbol, provenientes de todas partes del país (estados del norte principalmente) señalan estar en un dilema ante lo que consideran una mala actuación de su director técnico a quien señalan por insultarlos y menospreciarlos como profesionales del deporte. Y es que, dicen, que no son sólo las groserías y malos tratos que padecen, sino la constante amenaza de que se les retirará el apoyo económico del que gozan, es decir, sus salarios por prestar el servicio de jugador profesional del equipo de las Garzas.

La historia, no muy diferente a la de los clubes de futbol en México, delata solamente parte del proceso que debe sufrir un futbolista en nuestro país, en este caso en Hidalgo, para poder trabajar. Despreciados por muchos equipos, sin apoyo verdadero para la práctica del deporte, muchos jóvenes, algunos aún niños, deambulan por todo el país en busca de oportunidades. En Pachuca, la mayoría llegan a probarse a los Tuzos; cuando no quedan, acuden a las Garzas o al Atlético Hidalguense, escuadras que también ofrecen salario por jugar de forma profesional.

Una generación de la que se sabe poco o nada, muchos apenas cumplieron la mayoría de edad y ya enfrentan la vida solos. En una casa prestada por la Universidad al sur de la capital del estado (en donde por cierto acusan que fueron víctimas de un intento de desalojo de parte de su entrenador y en donde participaron hasta policías municipales), no saben qué hacer para no perjudicar su carrera en el balompié nacional.

Recuerdo en 2010 la generación de Jovani López, Armando Romero, Miguel Ángel González Galván, Eber Rendón y Edgar Bravo, jugadores universitarios que salieron campeones y que se fueron a probar al León, Irapuato y Lobos BUAP; lo más seguro es que estén pasando lo mismo que sus compañeros en las Garzas.

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