Intelecto Opuesto

Espaldarazos políticos

Lo de ayer con la visita del Presidente Enrique Peña Nieto a Hidalgo no fue más que un gran evento de espaldarazos políticos. Lo digo no solo porque estuve ahí sino por los detalles que se dieron, que se suscitaron entre todos los actores políticos presentes.

Con resultados electorales en su favor, con un escenario nacional de aparente calma y paz social, el Presidente de este país –el actual, el anterior y el que siga- puede vanagloriarse todo lo que pueda y quiera, pues para eso están las cifras, los indicadores, los programas y proyectos, que hablan por sí solos, que están ahí, a la vista de todos sus detractores.

Así vi ayer al Presidente, como un personaje inquebrantable, que aguarda por lo que quiere y que no titubea al dar un discurso como en otrora ocasiones. Sin duda el mayor de los triunfos de un gobernante es el que se da en las urnas; así lo dice el propio Peña y lo dicen los gobernadores.

Cada quien hizo su parte, en los estados, en el Legislativo federal, en Bucareli, en Los Pinos y finalmente ante el INE, como un gran partido-gobierno que doblega a quien se le ponga enfrente.

El jefe del Ejecutivo parece no dejar de enviar ese mensaje en cada momento tras las elecciones del pasado 7 de junio. El resultado es gracias a las reformas impulsadas por su gobierno, eso es lo que quiere que sepamos, que memoricemos y concienticemos.

Podrán hacerse muchos análisis sobre las palabras del Presidente, sobre su mensaje, sus formas y sus designios, pero lo único cierto es que parece tener, a la mitad de su administración sexenal, el control de la situación, tanto política como ante la gente.

Sí, sigue siendo el mismo Peña de las selfies, de los abrazos y que causa efectos “beatlemaniacos” con las mujeres (gritos, besos, movimientos extraños del cuerpo); pero con una naturaleza que ya no es la del efecto candidato o la del hombre acabado que se deja tocar por todo mundo. Es el Presidente saludando a la gente. Recibiendo su propio espaldarazo, el de su militancia, no del PRI sino de los peñistas.

En efecto, los seguidores de EPN puede que sobrepasen a los seguidores en determinado momento del PRI y el priismo. Y es normal, el Presidente parece que saldrá mejor librado que nunca en cuanto a popularidad, con todo y los quejas, con todo y las críticas a cuestas, las marchas, los plantones, los desaires, la aparente amenaza eterna de crisis, de alza de precios, de caras compungidas en la Secretaría de Hacienda, con todo eso, parece que lidiar ya no es nada para Peña Nieto.

Ayer vi a un Presidente cobijado y que cobija, que da gusto a quien lo requiere y que complace a quien lo merece. Un Presidente que parece tendrá un resto de sexenio con más calma que el que atravesó de forma tambaleante, pero que al fin, lo atravesó.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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