Intelecto Opuesto

Época de intolerancia

Eur as as explistrum volupti asperit laut n la actualidad el derecho a la libertad en todos sus ámbitos conlleva el enorme riesgo de querer ser avasallado por la falta de educación, indiferencia e ignorancia. En nuestro país, en donde nadie te regala nada y no tiene porque hacerlo, la libre expresión no respeta credos, clases ni condiciones sociales.

Sobrevive quien más tiene y quien con más fuerza se puede imponer, juzgar, especular y mandar. La irresistible necesidad de ser siempre superior al ser de nuestra propia especie nos mantiene en un escenario donde quien no obedece las reglas establecidas por la civilización, por el mundo ordenado, está fuera no solo de todo contexto sino que es objeto de ataques y condicionantes hasta para su propia vida.

La discriminación es el elemento principal para capitalizar la citada indiferencia e ignorancia, y si se mezcla con intolerancia, el resultado es lo que vemos, vivimos y escuchamos.

Un par de ejemplos ocurrieron ayer en Hidalgo, en donde se dieron a conocer actos de discriminación que no son más que el reflejo de nuestra propia educación. El primero, el más viral y el que se dio a conocer prácticamente en todas las redes sociales.

Una becaria médico que hasta ayer laboraba en el Hospital Regional de la Huasteca en Huejutla de Reyes, quien escribió en su página de Facebook calificativos como “aborígenes” en referencia a sus pacientes, en su mayoría indígenas de comunidades en donde su lengua materna es el náhuatl.

Ante tales señalamientos la situación se volvió insostenible gracias a las denuncias de usuarios quienes divulgaron el hecho hasta que la propia Secretaría de Salud salió a emitir la postura oficial y donde se deslindaban de las acciones de dicha becaria quien pertenece a un plan de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Ahora será la máxima casa de estudios del estado quien tendrá que aclarar el tema y sobre todo, velar porque se garantice el respeto de quienes ahí se preparan para ejercer como profesionistas y que deben ser los representantes del espíritu estudiantil que se supone es el de la formación de buenos y mejores seres humanos.

Por otro lado, en la región de Tula, el reportero Francisco Reyes González fue agredido por personal de Petróleos Mexicanos, en específico por un representante de la paraestatal quien a gritos y con groserías lo echó de un espacio público en donde se presentaba un hecho de relevancia para la sociedad, una quema controlada de gas que podía prestarse a una explosión, una fuga o una toma clandestina.

La Asociación Regional de Profesionales de la Comunicación (Areproc) condenó el hecho y pidió a las autoridades responder ante el agravio. Sobre todo, porque ambos hechos, tanto el de #LadyHuejutla como el del compañero periodista en Tula, son sinónimo de una sociedad desorganizada, falta de conocimiento básico sobre la especie y sobre todo carente de inteligencia para controlar sus emociones y sensaciones producto de la falta de educación y la ignorancia.

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