Intelecto Opuesto

Delegaciones federales

Las oficinas de las dependencias del gobierno federal en Hidalgo inician una segunda etapa dentro de la administración nacional en donde tras haber arrancado de manera tímida, sobre todo en el ambiente político estatal, se han vuelto protagonistas de la vida pública de la entidad.

Lo que antes se conocía como el delegado federal en el sexenio pasado con Felipe Calderón, que tenía poco margen de acción y controlaba algunas cuestiones sin sobre pasar el límite de poderes en el estado, ahora es un político que juega un papel de cogobierno con presidentes municipales, secretarios del gabinete del estado, líderes de partidos políticos e incluso con el propio gobernador.

Sin llegar a los extremos, se saben poseedores de una nueva cultura de trabajo y potencial político provenientes de las más altas esferas en el país, por ende, realizan acciones que sobre pasan en mucho las gestiones que puede alcanzar una autoridad local.

Hidalgo es de las pocas entidades en las que la mayoría de los delegados federales son del mismo estado, incluso del mismo grupo político, por lo que el entendimiento ha funcionado para, más allá de posicionamientos personales, proporcionar el servicio para el que se supone fueron seleccionados: servirle a la gente.

La famosa frase de las políticas públicas al servicio del pueblo cobra relevancia en la nueva dinámica de las delegaciones federales, pues al trabajar de la mano con gobierno del estado, las posibilidades de obtener éxito con los programas sociales, de seguridad, de servicios y de atención en general son mayores.

Si en el sexenio pasado el problema consistía en que pocas personas accedían a los programas federales por desconocimiento o porque no eran seleccionadas, ahora el fortalecimiento en la promoción y trabajo en coordinación con autoridades del estado ha servido al doble. Por un lado, para poder otorgar la mayor cantidad de beneficios al mayor número de pobladores hidalguenses; y por otro, permitir descansar al gobierno del estado en cuestiones de gestión social, presupuestos, apoyos de programas y demás temas que en ocasiones duplicaban la agenda de trabajo entre estado y federación.

De continuar con esta forma de trabajo, auguro muy buenos dividendos para las delegaciones federales en el estado, sobre todo para quienes encabezan el trabajo que ahí se realiza.

Priorizar la política dentro de dichas oficinas, buscar el posicionamiento por encima de la repercusión nacional que es el verdadero sentido de las delegaciones –quien crea los apoyos es la federación no el delegado, es el Presidente no el personaje local- sólo alejaría la percepción que sea alcanzado de que es ahora cuando en verdad están funcionando las oficinas federales para el servicio de la ciudadanía.

 

eduardogonzalez.lopez@milenio.com