Intelecto Opuesto

Coahuila y Nayarit, lo que será 2015-16

El escenario y el resultado fueron los mismos de los últimos años. Tres partidos políticos predominantes en una contienda donde todos juegan pero donde todo se vale.

Si alguien pensó que con la reforma política podrían cambiar las condiciones de la competencia se equivocó y la muestra son las votaciones de ayer en Coahuila y Nayarit.

Más allá del resultado, donde sabemos que a favor o en contra siempre se termina imponiendo la clase política preponderante (con eso de la moda en el término) y de cualquier color, el éxito de la incipiente reforma recae únicamente en la apertura y transparencia de los comicios.

Sí, es un paso, pero no es lo necesario para que los votantes mexicanos recuperen la confianza en sus instituciones; no basta el cambio de nombre si persisten las viejas artimañas.

Ayer se vio en redes sociales, reportes de prensa, radio y televisión, denuncias de uno y otro bando, de los dimes y diretes de siempre, de las famosas y supuestas irregularidades de cada elección; policías nayaritas sin mover un dedo ante escenas de presunta comisión de delitos electorales.

¿Es eso lo que veremos en 2015 para la renovación de San Lázaro? ¿Es eso lo que tendremos en Hidalgo y en estados en donde se elegirán nuevos gobernadores en 2016? De ser así no quiero pensar lo que será 2018 con la renovación del Poder Ejecutivo federal pues si aún no ocurre nada grave, estamos a escasos tiempos de ser la Venezuela de América del Norte.

La ley política, pareció –con lo de ayer- ser letra muerta una vez más y me refiero a que no se supo, al menos a nivel nacional, que la participación haya sido copiosa (fue del 30 al 35 por ciento en Coahuila y poco más en Nayarit, que siguen siendo números bajísimos para lo que cuestan las elecciones), que los partidos hayan quedado satisfechos, que la impartición de justicia electoral esté libre de todo señalamiento, que los conteos sean respetados. Vaya, que se renueve la capacidad de asumir elecciones y resultados en el país. Al menos ayer, en dos estados, no se vio.

El experimento político de la coalición PAN-PRD sirvió de colofón para acentuar más el conflicto entre partidos cuando hay votaciones en donde el escenario está disponible para cualquier lado. Ayer, todos tuvieron las mismas oportunidades, pero la operación política salió a relucir y los resultados darán como vencedor en días siguientes a quienes mejor echaron sus cartas sobre la mesa: mejores candidatos, buena campaña, equipo para la operación el día de la elección y todo aquello que se usa y emplea cuando de ganar puestos públicos con el voto del pueblo se hace.

Es algo que, curiosamente, no se ha tocado ni debatido en foros o alguna de las cámaras legislativas dentro de la famosa reforma que se está haciendo al país en materia de leyes electorales, homologación, nuevo instituto electoral, fiscalización, transparencia y demás cosas que por lo menos, ayer, de poco o nada sirvieron para la democracia que se busca.

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