Intelecto Opuesto

Ciudadanía a disgusto

En la última semana, parte de la población se ha expresado como en pocas veces en la capital del país por temas que son medulares.

El hecho de salir a la calle, a ejercer el derecho de libertad de expresión, se ha hecho más evidente gracias a temas como el Hoy No Circula y la Ley de Telecomunicaciones.

Las disposiciones ambientales tomadas en cuenta para implementar un nuevo modelo de verificación que obliga a dejar de circular a cada vez un mayor número de autos es visto como un reto y una ofensa para la ciudadanía.

Desde las redes sociales hasta las convocatorias para salir a manifestarse, el tema de Hoy No Circula puede derivar en una seria factura política para quienes gobiernan la Ciudad de México.

En el tema de telecomunicaciones, ayer una veintena de jóvenes integrantes del Colectivo por el Derecho a la Comunicación irrumpieron en el salón de la Comisión Permanente del Senado para intentar detener el debate.

Con el grito de “¡No nos van a censurar, no nos van a censurar...!”, los jóvenes fueron detenidos por personal de seguridad de la Cámara Alta, hasta que el senador panista Javier Lozano pidió que los retiraran del lugar.

En el tema del Hoy No Circula, Tanya Müller, secretaria del Medio Ambiente del Distrito Federal, señaló que la actualización del programa no pretende castigar a los autos particulares sino restringir la circulación de los vehículos contaminantes.

Rodolfo Ríos Garza, titular de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, consideró que los bloqueos de vialidades que realizaron los inconformes con el programa Hoy no Circula sabatino no representan la comisión de algún delito como ataque a las vías de comunicación.

¿Qué tienen en común ambos temas? primero, que son casos en los que se toman determinaciones que trastocan la forma y calidad de vida de la población sin consultarse de forma popular. Segundo, que la política cada vez se transforma en un ente agresivo y alejado de la sensibilidad social, impositiva y forzosa, en donde las mayorías se deben acoplar a las minorías.

Lo anterior está generando un descontento cada vez más generalizado, que de una u otra forma, no puede mantenerse vigente pues terminará reventando en marchas y manifestaciones, en acciones de desobediencia y en mensajes que van en contra de lo que quiere o desea el gobierno.

La ciudadanía a disgusto, puede pasar de ser una simple queja en redes sociales, a una acción colectiva que puede desestabilizar a una o varias administraciones públicas.

Sabemos que en México los escenarios radicales nunca prosperan o no son apoyados por las multitudes, sin embargo, en esta ocasión en la que se puede modificar la comodidad en servicios o uso de bienes para el ciudadano, algo más podría ocurrir.

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