Intelecto Opuesto

Catálogo de prohibiciones

Como si se tratara de los 10 mandamientos, el Instituto Nacional Electoral en conjunto con los diez partidos políticos nacionales, sus representantes, sus operadores y todo el aparato gubernamental y político que rige los designios del país, se dieron a la ardua tarea de aprobar sus propios candados y reglas para la elección que dio inicio ayer desde el primer minuto del domingo.

Calificado como “catalogo de prohibiciones” por varios de los propios participantes de la contienda rumbo a la renovación de la Cámara de Diputados del Congreso federal, se trata de 38 lineamientos para los noticiarios del país, que establecen la prohibición constitucional de transmitir publicidad o propaganda con información periodística y noticiosa.

En español, son las reglas con las que el INE y los partidos determinaron que se debe actuar en la publicación de noticias informativas durante los 60 días de las campañas, así como la difusión de la información en noticieros de radio y televisión, más no –así quedó de confuso- en Internet, ante el ya clásico “es que no está regulado”. 

De la casi cuadragésima lista de mandatos divinos del INE y los partidos para los medios de comunicación, destacan algunos como el del apartado 3, número 11, en donde se estipula que  “Dentro de las opiniones, garantizadas por la libertad de expresión, se debe privilegiar la responsabilidad de los comunicadores mediante una crítica respetuosa y abierta hacia los precandidatos, candidatos, partidos políticos y coaliciones”.

O el apartado 4, número 17 que detalla que “… la información errónea, si no se aclara inmediatamente, puede tener efectos negativos importantes en el desarrollo de la contienda electoral, lo anterior, en razón de que los comunicadores tienen la responsabilidad de proyectar una visión lo más apegada a la realidad”.

Ni que decir del apartado 5, lineamiento número 21 que describe que “Las personas que se ocupan en labores informativas y noticiosas deberán respetar el derecho que existe a la vida privada, en la medida en que ésta no tenga implicaciones para el interés público (…) Consecuentemente, la vida privada de los candidatos debe quedar resguardada, evitando menciones injustificadas a la intimidad de los actores en los noticieros o en la obtención del material incluido en ellos”.

Usted, apreciada lectora, estimado lector, tiene la última palabra. Sin embargo, como en todo, no se extrañe que las publicaciones dejen de tocar temas como el uso de un helicóptero oficial, el lenguaje de redes sociales de hijos, hijas y parientes de candidatos, la develación en imagen de papel periódico de alguna acción u omisión polémica de algún implicado en la contienda electoral o de sus correligionarios partidistas, pues esto, aquello y lo anterior, puede ser tomado como ofensa o indiscriminada intención de daño a la imagen de un aspirante, catalogado ahora por el INE y los partidos, como la desdeñable forma en la que un medio o un reportero o periodista busque cargar los dados en la intención del voto.

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