Intelecto Opuesto

Cambalache petroquímico

La determinación del gobierno federal a través de los titulares de la Secretaría de Energía y del director de Petróleos Mexicanos de no invertir más de la cuenta en refinación de combustibles fue, en un principio, la base de la decisión para cancelar la construcción de una nueva planta, la refinería Bicentenario, que sería edificada en Tula.

El origen del asunto, más allá de la falta de voluntad política que se avizoró desde 2009 con Felipe Calderón y en 2012 con Enrique Peña Nieto, fue la inviabilidad de inversión para una suma de 10 mil millones de dólares que costaría el proyecto de la nueva planta en territorio hidalguense (en las 700 hectáreas que donó el estado con un gasto de mil 500 millones de pesos).

Cinco años después, se anuncia el arranque de la reconfiguración de la Refinería de Tula con una inversión de 4 mil 600 millones de dólares, más la construcción de la nueva Terminal de Almacenamiento y Reparto de Tula, en los terrenos donados por el estado de Hidalgo aledaños a la actual refinería, con una inversión de mil 200 millones de dólares.

En total, 5 mil 800 millones de dólares, cuatro mil menos de lo proyectado inicialmente con lo que hubiera sido la nueva refinería Bicentenario, por lo que el argumento de un ahorro sostenido en inversiones del sector petroquímico y de combustibles o, el hecho de una incapacidad de pago para poder costear une nueva planta sin inversión privada, no fueron la causa de la cancelación del proyecto que originalmente se pensó para Hidalgo y el predio que se le exigió en su momento para poder quedarse con la ahora ex Bicentenario.

Tras estos 5 años, es preciso también preguntarse si de haberse quedado en Guanajuato, en Salamanca, se hubieran anunciado estos mismos casi 6 mil millones de dólares en inversiones; quizá sí, pues también se está proyectando una reconfiguración en la refinería de aquella zona, pero quién sabe si se estaría dando el proyecto de la Terminal de Almacenamiento y Reparto.

La verdad del asunto, del porqué jamás se autorizó o se buscó edificar una nueva refinería en México, en Tula, quedará esclarecido, más ahora que se anuncian sendas obras de Pemex para la región del sur hidalguense con lo que también se espera generación de trabajos temporales, apoyo a proveedores y un sinfín de beneficios que implican obras de gran tamaño.

Sobre la deuda de mil 500 millones de pesos que Hidalgo generó para la compra de las 700 hectáreas para la donación a Pemex, el director de la paraestatal, Emilio Lozoya afirmó: “encontraremos las soluciones y las propuestas para que en un breve plazo liberemos al estado de Hidalgo de las cargas asociadas a la adquisición del terreno y le demos un uso concreto a este activo”.

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