Intelecto Opuesto

Cámaras unidas

Como nunca antes el Poder Legislativo del país se encuentra en armonía total con los designios presidenciales y es por ello que afirman se ha avanzado tanto en materia de las denominadas reformas estructurales.

No hace menos de una década decía el ex presidente Vicente Fox Quesada que el Ejecutivo proponía y el Legislativo disponía y así fue durante los 12 años que duró el panismo al frente del poder político de México.

Con la llegada de Enrique Peña Nieto a Los Pinos y la puesta en marcha del Pacto por México como primera estrategia de cohesión entre partidos desde la Secretaría de Gobernación, el panorama parece haber quedado dispuesto, voluntarioso si se pudiera llamar así, para que las modificaciones de leyes dieron giros de 360 grados.

Basta con revisar la agenda política de los grupos parlamentarios en el Senado y Cámara de Diputados para darse una idea de que están inmersos en la temática propuesta por Los Pinos.

Si bien el sexenio pasado el ex presidente Felipe Calderón se enfrascó en el tema de la seguridad pública y el combate al crimen organizado, en esta etapa el asunto se ha divido en reformas de fondo para el país y la estrategia para darle seguridad a una nación alicaída.

Quizá el único avance sustancioso y palpable tras el Pacto por México es precisamente el haber puesto a los partidos, a sus dirigentes y a los principales actores en la toma de decisiones, a ver por la agenda que planteó desde la Presidencia Enrique Peña Nieto.

¿Cómo se logró dar este giro en la gran discusión de la situación política y social del país? ¿En que momento pasamos de estar al pendiente de nuestras vidas en manos del crimen organizado para voltear a la agenda política y a una posible salida exitosa para México?

La respuesta –y cabe reconocerlo- está en la amplísima propuesta de reformas del Ejecutivo al Legislativo; en efecto, era la única forma de tomar el toro por los cuernos y así lo hicieron los principales artífices de la Presidencia: Miguel Ángel Osorio y Luis Videgaray con los cambios a las leyes fiscales, hacendarias, políticas y en seguridad.

Un ejemplo, la reforma político-electoral que aprobó el Senado el pasado 13 de diciembre contempla la creación de un nuevo órgano electoral, la reelección de legisladores, la posibilidad de un gobierno de coalición, la trasformación de la PGR  en la Fiscalía General de la República y la autonomía constitucional del Coneval. También modifica diversos artículos de la Constitución se crea el Instituto Nacional Electoral en sustitución del IFE.

Si nos remontamos a por lo menos 20 años de la historia reciente en México, no existe antecedente –quizá alguno de la izquierda en la ALDF- de propuesta de cambio tan sustancial, no estoy argumentando que sea del todo bueno, para el sistema político mexicano.

Sin campo de acción para propuestas, y sólo con espacio para la discusión y análisis, el Legislativo no tiene más que darle forma y detallar esa figura de barro que construyen desde Los Pinos.

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