Intelecto Opuesto

Andamos distraídos

Somos una raza acostumbrada a lo multitudinario. Nos atrae siempre la parafernalia de determinadas cosas en la vida, así como el ámbito de lo público. Siempre afectos a ceremonias, desde la época prehispánica, la aglomeración nos resulta a veces normal y aunque la toleramos poco, siempre tenemos esa sensación de querer ir por más.

Esto es lo que nos pasa mientras estamos volcados en un mismo sentimiento de protesta, de manifestación social por el caso de los normalistas desaparecidos en Guerrero. Los hemos adoptado como nuestros hermanos y sentimos el dolor de sus familiares.

Quienes ayer participaron en las movilizaciones en todo el país y fuera de él, se les vio (al menos en la imagen testimonial) con el rostro compungido, con la mirada dura y la voz en todo lo alto.

Eso es nos une como mexicanos. Siempre lo ha hecho. Hemos tenido por años y años causas por las que juntarnos para salir a las calles pero elegimos las más sensibles o las más mediáticas.

En este caso, y me permito recuperar algunas ideas que vi en consignas en redes sociales y en la propia calle en donde atestigüe la movilización, la de señalar que el gobierno quiere acabar con todo rastro o huella del normalismo en México. ¿Por qué? Suponemos o suponen los que protestaron de forma más radical que es por los supuestos vínculos socialistas y cuasi comunistas que se pueden llegar a tener en centros de educación rural en donde todo se muestra tal como es para formar pensamiento social con causa revolucionaria.

Sin embargo, no creo realmente que sea la misión de Enrique Peña Nieto o de su gente cercana en la Presidencia o en la Secretaría de Gobernación el acabar con las normales rurales del país, o que desde una junta ejecutiva en el DF hayan planeado echar a los perros y leones a todo aquel que se manifestara con ideas “de izquierda”.

Tampoco se trata de minimizar la situación ni mucho menos; el problema es lo que heredamos de un sistema político dominado por los grupos de poder que se han abotagado al grado de llegar a los extremos como Iguala donde ayer la PGR evidenció la existencia de un narcogobierno mientras ardía la sede del ayuntamiento.

Ese es nuestro México, el país de dimensiones desproporcionadas, con un mapa recompuesto no en lo territorial sino en lo que abarcan los grupos predominantes, como si se tratara de una raza superior por encima de la otra. Los que están arriba, los que mandan, los que tienen el poder de desaparecerte y fulminarte; y los que son de abajo, los que merecen lo que tienen.

Por cierto, mientras la situación del país nos distrae, la Comisión de Gobernación del Senado declaró improcedente la petición de consulta popular suscrita por senadores del PAN y PRD, la cual tenía como propósito preguntar a la ciudadanía si desea que se emita una ley federal de remuneraciones de servidores públicos y reducir en 50 por ciento las que actualmente perciben el Presidente de la República y altos funcionarios de la Federación. Lástima y que oportunos para debatir estos temas en este momento.

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