ADN mexiquense

Otro sueño

Hace algunos meses en este mismo espacio emulé el sueño que tuvo Martin Luther King, acerca del país al que aspiraba para todas las razas que en él vivían, sin discriminación, respeto a los derechos humanos, sin pobreza y lleno de oportunidades para todos sin importar sexo, raza, religión ni preferencia sexual.

En esa ocasión hice referencia al sueño del país al que aspiramos todos, y en particular al Estado de México que deseamos para que realmente alcance un desarrollo inmerso en una sana convivencia y no en el temor y la desesperación.

Y he vuelto a tener otro sueño, en el que ví a un Estado de México sin: Ejecuciones, sin violaciones a los derechos humanos, sin asaltos con violencia, con infraestructura suficiente para garantizar la educación en todos sus niveles, con empleos de calidad y bien remunerados, sin niños de la calle.

Sí, un sueño en el que todos nos respetábamos y nos hacíamos solidarios ante la desgracia ajena y sumábamos voluntades en la búsqueda de la solución de los problemas y no distraer la atención para desatender realmente lo urgente.

Un sueño en el que las autoridades cumplían con su función pública y no evadían su responsabilidad o justificaban sus incapacidades con otras incapacidades.

Sí, un sueño en el que la libertad de pensar y de creer en algo, era respetada.

Sí, un sueño en el que no se mataba a estudiantes por el simple hecho de protestar y exigir respeto a sus derechos.

Pero, al despertar me di cuenta de que fue otro sueño, quizá inalcanzable quizá algún día posible, no lo sé, pero lo que sí recuerdo es que al levantarme, lo primero que escuche y leí fue #Ya me canse, una expresión en la que me quedó claro que los únicos que no están cansados de tener esperanza por volver a ver a sus hijos con vida son los padres de los 43 normalistas desaparecidos.

Sí, un #ya me canse, de que no se llegue a la verdad y de que todo gire en torno a unas confesiones de sicarios para enrarecer más el ambiente.

#Ya me canse, de escuchar tantas evasivas y de esos anarquistas que parecen más bien militares disfrazados de manifestantes que con sus actos vandálicos buscan distraer la atención para desaparecer un problema que está vigente.

Fue triste despertar de ese sueño, y seguir en una realidad en al que la comunidad internacional clama justicia pro Ayotzinapa; una realidad en la que los mexicanos cada vez nos sometemos más a la delincuencia que se nos impone ante la ausencia de políticas efectivas que pongan un alto a tanta impunidad en la que viven los criminales.

Esa es hoy nuestra realidad, y yo tuve otro sueño. Seguiré soñando y ojalá algún día se haga realidad.