ADN mexiquense

A propósito del Día del Maestro

Toda una tradición en México cuando se conmemora una fecha destinada a reconocer a las personas, por su género o por su labor, que se lleven a cabo ceremonias protocolarias que son encabezadas por el Presidente de la República, los gobernadores en los estados y los alcaldes en los municipios.

Y a propósito de lo anterior, cabe hacer mención de lo que se celebró el jueves pasado, el Día del Maestro, y claro los discursos fueron aduladores y las palmadas, el plato fuerte de los eventos, en donde todo fue miel sobre hojuelas y no se cansaron unos y otros de decir las buenas relaciones que existen entre las instituciones públicas y las organizaciones gremiales.

No faltaron los reconocimientos y premiaciones a maestros y maestras por diversas razones, por años de servicio y por trabajos académicos.

Pero también hubo la otra cara, la de la disidencia magisterial, que ha sido satanizada, pero no escuchada, hizo su manifestación y continúa con su rechazo a la reforma educativa.

No es sorpresa ni nada fuera de lo normal las posturas antagónicas de quienes afirman que todo va por buen camino y que todo es por el bien de México, contrarias a los que sienten lesionados los intereses magisteriales y del país. Estos juegos de intereses es lo que ha provocado que la esencia real de esta celebración, se haya perdido y que al maestro se le clasifique de vándalo y criminal, si es disidente o de excelente si es sumiso y adulador.

Y el maestro es más que una clasificación positiva o negativa. Conmemorar al maestro es reconocer la aportación que ha hecho en la construcción de este país, es darle oportunidad de que hable y exprese lo que quiere y lo que propone es mejor para la educación. Pero no, no fue escuchado ni tampoco convocado.

Hay maestros en total olvido, si aquellos que entregaron su vida al magisterio y con el paso de los años se han convertido en un estorbo para las instituciones y no un ejemplo a seguir.

Maestros que hoy viven con una raquítica pensión de tres mil pesos mensuales y que no pueden aspirar a más porque es lo que les corresponde después de haber formado a hombres y mujeres de bien.

Mentores que entregaron su vida a las aulas, hoy han sido excluidos de esa celebración, porque no responden a los intereses que hoy reclama la nueva nomenclatura educativa. Pero si sirven para ser usados a conveniencia de unos u otros.

El maestro se ha convertido en un botín político y no en un ente individual libre pensar y de actuar, de expresar sus puntos de vista.

Si habla con claridad y expresa sus discrepancias, entonces es un disidente y es enemigo de la educación,. Pero si se somete a lo que le dicen que haga, entonces es un gran maestro.

Que pena que las celebraciones sean hoy en día, un juego de intereses y no un evento de reconocimiento real a quienes han aportado mucho a la construcción de esta nación.

En el discurso se alaba y se reconoce al magisterio, en los hechos, el maestro ha sido excluido.