ADN mexiquense

Otro primer lugar que nos exhibe

En varias ocasiones en este espacio se ha hecho mención de los primeros lugares en los que se ubica la entidad mexiquense, y algunos municipios en particular, y no precisamente son posiciones de las que pudiéramos sentirnos orgullosos, sino por el contrario es de preocuparse que nos coloquen en situaciones no muy agradables.

Por ejemplo, estar en un lugar por debajo de la media nacional en competitividad, es para preocuparnos, pues en una entidad tan numerosa en habitantes y de las más industrializadas del país que estemos en el lugar 19 de 32, habla de que no se está avanzando.

De igual forma el primer lugar de feminicidios, violencia de género y formar parte del selecto grupo de entidades con mayor incidencia delictiva.

En pobreza alimentaria y pobreza inmobiliaria, también se ha registrado un aumento considerable y eso ya la coloca en situación de alerta pero de seguir la tendencia será de emergencia en uno o dos años.

Pero ahora, nos ubicamos en otro primer lugar, el cual no solo nos exhibe como una entidad clasista sino excluyente y discriminatoria, así los revelan estudios de Organizaciones No Gubernamentales que luchan contra la discriminación y que coinciden con los resultados más recientes del Consejo Nacional contra la Discriminación, donde se presenta al Estado de México y a su capital Toluca, con el mayor índice de casos de distinción de personas por su color de piel, preferencia sexual, creencias religiosas, posición económica, problemas físicos y origen étnico.

Es una vergüenza estar en esa posición, y que a pesar de ser una entidad cosmopolita se presenten casos de esta naturaleza y se hagan distinciones entre las personas pro su origen o por su color de piel.

Es la ciudad de Toluca, la capital, donde se asientan los tres Poderes y donde se toman las decisiones que afectan a los casi 15 millones de habitantes de los 125 municipios, donde más se hace patente este problema de actitudes discriminatorias.

Los habitantes de Toluca, son tan respetables como los que viven en la zona Mazahua, Matlazinca, Otomí, o los que tengan o no creencias religiosas, así como aquellos que gocen de una posición económica con demasiada holgura como el que percibe uno o dos salarios mínimos y con eso vive acorde a sus posibilidades.

Pero es triste que ese respeto no lo tengamos por tener un rasgo diferente o pensar de manera distinta o por no tener dinero o bien por un gusto sexual distinto.

Quienes más sufren en la entidad la discriminación son las personas que con preferencias sexuales diferentes a las heterogéneas y los que no gozan de una posición económica al nivel de las expectativas, así como las personas de la tercera edad.

Es grave, ojalá en un año, esto que hoy me indigna, cambie.