ADN mexiquense

La manipulación de las cifras

Ignoro si es por el proceso electoral con el propósito de influir en los votantes o simplemente porque es lo que hay en el registro oficial sobre la situación de la inseguridad en el país y en el Estado de México, en particular.

Pero lo cierto es que hasta la fecha en encuestas recientes aplicadas días previos a los anuncios oficiales, la sociedad mexiquense tiene una percepción diferente a lo que se informa por parte de las autoridades sobre este delicado problema que tiene a toda la población en jaque por la cantidad de delitos que se cometen y que la mayoría quedan impunes.

Solos por citar un ejemplo de que las cifras oficiales distan mucha de las reales, son los ocho asaltos que se cometen diariamente en los autobuses de pasajeros del Valle de Toluca, que se suman a los más de 30 que se ejecutan en la zona metropolitana al Distrito Federal.

Eso por lo que toca a asaltos en un área del transporte, sin tomar en cuenta aquellos de las que son víctimas automovilistas, operadores de taxis y los transportistas de carga de mercancías que diariamente son sorprendidos por los amantes de lo ajeno.

No se trata de desacreditar los anuncios oficiales, sino de buscar colocar el problema de la inseguridad en su justa dimensión, que no se podrá abatir tan fácilmente con cifras, luego de que la dejaron crecer muchos años.

Para acabar con la plaga de la delincuencia, habrán de pasar los mismos años que se le permitió su propagación y que hoy por hoy tienen a la sociedad a su merced, a pesar de que las cifras oficiales pretendan decir lo contrario.

Obvio que el manejo y difusión de las cifras tienen la firme intención de persuadir a la sociedad a creer que se está avanzando en el combate a la inseguridad, sin embrago hasta el momento no han conseguido su cometido, pues la sociedad vive otra realidad a la que presentan los anuncios oficiales.

Es lamentable que se lucre con un problema social como el de la inseguridad para atraer a los votantes y hacerles creer que se está mejorando en todos los sentidos.

Esto pega más a las clases más desprotegidas que además de ser víctimas de la delincuencia, también se convierten en parte de ella por necesidad o bien porque saben que es una forma fácil de tener dinero con la posibilidad de quedar impunes.

Lo grave es que pretendan con cifras tapar la realidad.