ADN mexiquense

Un encuentro con Fidel


No obstante a que los resultados reales nunca se conocerán, porque con la anuencia del PAN fueron destruidas las boletas electorales de la polémica elección presidencial de 1988, al final Carlos Salinas de Gortari asumió el poder el 1 de diciembre de ese año.

Trabajaba entonces como reportero de televisión mexiquense y me tocó cubrir la toma de protesta de quien dirigió los destinos de este país de 1988 a 1994. El palacio de San Lázaro era una fortaleza, primero por evitar cualquier intento de los cardenistas por impedir el evento y también por la asistencia de más de 12 jefes de estado latinoamericanos y dos europeos, que avalaron con su presencia al nuevo mandatario mexicano.

En ese grupo de mandatarios se encontraba Fidel Castro Ruz, líder de la revolución cubana y presidente de la Isla. Un tipo de 1.90 metros de estatura fuerte, con una personalidad imponente, pero a la vez con mucho carisma. Fue ese día el día de Fidel. Todos los reporteros que ahí nos encontrábamos nos abalanzamos para entrevistarlo.

No podía dejar pasar la oportunidad que la vida me estaba dando a mis 22 años de tener de frente a un icono viviente de la historia universal. Me escabullí entre la multitud de grabadoras, cámaras fotográficas y de televisión y quede frente a frente con el presidente cubano y lance la primera de dos preguntas que pude hacerle. Obvio todos querían obtener una declaración de Fidel Castro el hombre carismático y de imponente personalidad.

Amable, contestó solo cuatro preguntas, todas en torno a las relaciones México-Cuba con el nuevo gobierno y los intercambios académicos. Avanzó con la ayuda de elementos del Estado Mayor y de su propia seguridad; ya a la entrada del palacio de San Lázaro volteó y con un ademán de abrazo se despidió de los reporteros.

Fueron de tres a cuatro minutos mi encuentro con el líder revolucionario. Pero esa entrevista tumultuosa en la que participe siempre la recordaré, así como otros eventos que han impactado en la vida de la sociedad mexiquense y mexicana. Y es precisamente por esos momentos difíciles, gratos, angustiantes, tristes y alegres, según sea el hecho, que amo la profesión y oficio periodístico al que me dedicó desde hace más de tres décadas.

Desde aquí de Toluca donde Fidel vivió y preparó parte de su estrategia para iniciar la revolución este humilde tributo:

Los amigos verdaderos de la humanidad, los que no se rindieron nunca de soñar la utopía imposible de la bondad, el amor, la solidaridad y la generosidad creativa, son inolvidables, indispensables y son camaradas permanentes de ruta. Miguel Hidalgo y José María, Emiliano y Pancho, Vladimir Ilich, Mao, Gandhi, Federico, Ernesto y Fidel. Aquí los tengo: No han muerto, son parte del itacate de los que sabemos que no lo lograremos con la Patria-Mundo de la igualdad, la justicia, la libertad de ser quien uno quiera y del reino de la belleza, la alegría, del amar, el saber, el hacer y el vivir cada día como el postrero vital. Dignidad, amor y valentía fueron su nombre. "Aquí se queda su clara transparencia", compañeros del sueño que tocó, por un instante, tierras baldías.